Convertida en una de las referencias preferidas para ilustrar los desvarios politicos que marcan al siglo XX, la ciudad de Berlin se dibuja en estas paginas merced a una mediacion que es, al mismo tiempo, un juego de el autor que medita, el viajero que escribe, el escritor que relata, el narrador que conmueve. Con calles donde un accidente de transito motiva una situacion de cierta irrealidad, Berlin se vuelve aqui un mapa cifrado por las palabras de un testigo privilegiado por su sensibilidad. Asi aparecen el misterio de una panaderia y un parroquiano casi fantasmagorico, la sensualidad de un turco voyeurista en un lago donde se practica el nudismo, las casas diminutas que cerca de los rieles y su trepidacion resultan un inverosimil refugio de los berlineses en asueto. La agitacion cosmopolita que distinguio a esa ciudad alemana antes de la II Guerra, el muro que marco su division geopolitica posterior, su caracter emblematico resultan aqui pertinentes y relevantes. Aunque por encima de estas cuestiones, este libro hace de Berlin un bien entranable e inolvidable para todo lector; palabras, memoria y dedicacion generosa de un autor excepcional.
Un libro transición que es un bálsamo por la frescura de estos relatos cortos. Hace casi un año leí por primera vez El hombre del croissant y me gustó el ritmo y el estilo de Morábito.
Me reí varias veces, y no me decepcionó, sus líneas lo hacen a uno testigo de su experiencia en Alemana, y nos muestra a través de sus ojos, cómo es vivir en un entorno cultural tan diferente al Latinoamericano.
uno podría descubrir la prosa de morábito y exclamar, deslumbrado, «¡es un milagro!», y otro podría acercarse, acicateado por el grito, y leer, y sumarse a la expresión y confirmar «sí, es un milagro o al menos es milagroso», y ambos podrían ir por allí, por la vida, pensando en ese autor alejandrino e italiano y mexicano y recordar que su prosa es un milagro. entiendo el sentimiento: a veces lo comparto.
pero la mera verdad es que los textos de morábito no son ni de lejos milagrosos, o al menos no lo son intrínsecamente aunque el efecto que dejen en uno después de leerlos sea ése. cada uno de estos textos --y eso se vislumbra a veces, pero muy pocas, porque la gracia o la habilidad de un artesano o un artista radican en crear obras sin fisura, que parezcan salidas de la nada-- han sido objeto de un fino trabajo de moldeado, frutos de una curiosidad de orfebre. el resultado de tanta minucia y dedicación y reflexión son estos ensayos de también berlín se olvida, que de tan perfectos invitan a creer que provienen de un ente sobrenatural y no de un escritor que lleva la técnica de su oficio a través de la disciplina y hasta de la obsesión a su punto más alto.
Es el primer libro que leo de Morábito y me pareció sensacional. Me gusta lo que subyace, lo que se sugiere detrás de cada ensayo. Morábito tiene la capacidad de hablar de temas profundos y complicados apenas sugiriéndolos, manteniendo el texto accesible, divertido, cercano al lector. Se nota que es un libro de un poeta en la prosa certera y limpia: no falta una palabra, no sobra una palabra. Quedé fascinada: pienso seguir leyendo todo lo que encuentre del autor, me parece un tipo sensible, inteligentísimo, mordaz, incisivo y siempre cercano al lector. También Berlín se olvida podría ser, incluso, el mejor libro que he leído en este año: lo disfruté desde la primera hasta la última página.
Tiene puntos en común con Vamos a tocar el agua de Luis Chaves. Las reflexiones me aclararon temas inconclusos de El idioma materno pero no termina de ser un libro sin sabor.
La grandilocuencia, el esteticismo, no son sellos de la escritura de Morábito. Y en ella una ciudad como lo es Berlín tampoco se convierte en algo más que la transparencia y cotidianidad de sus accidentes. Los textos que componen este libro construyen alegorías y metáforas dadas a labrar finas conclusiones sobre lo que convierte a esa urbe como tal ("¿Hay río en Berlín?"; "S-Bahn") a la vez que dramatiza sus más pequeños eventos sin exagerarlos ("Choque en Berlín"; "La ciudad rusa"), y la sencillez con que son forjadas motivan a seguirlo leyendo con muy buen humor y con tendencia a reflexionar sobre nuestras respuestas frente a la ajenidad. Morábito escribió un breve pero sólido libro que abona a la literatura de viajes en México.
Sentí que arrancaba muy arriba y me preparaba pra disfrutarlo de principio a fin. Y no ocurrió... hubo relatos que me encantaron y algunos que no me provocaron nada en absoluto y hasta me aburrieron. Lo que destaco es la visión propia que da de Berlin. A los que hemos ido nos renueva las ganas de volver y a quienes no... ganas de conocer, sin dudas.
Buen compendio de relatos, impregnados de nostalgia por Berlín, con gran sentido del humor, en especial "Mi lucha con el alemán", permitirá identificarse a quienes estudian la lengua (y tomársela menos en serio); y "La blanca y la negra" que logran capturar el ciclo vital que representa el encuentro-desencuentro inolvidable con la ciudad del muro.
Fabio Morábito es uno de los escritores más redondos que he tenido la fortuna de leer. Todo lo que he leído de él me ha parecido exquisito y cuidado en su manufactura. Estos ensayos no son la excepción.
Esperaba mucho de este libro, que diera nombre a reflexiones internas no conscientes y que recordaras aquellas otras que sí se hacían palpables en mi tiempo residiendo en Alemania. Me ha arrancado un par de carcajadas, he abrazado los guiños de un mexicano perdido en el frío Berlinés, en sus relaciones sociales y con la ciudad. Sin embargo, no ha llegado a mis expectativas o al nivel de análisis que esperaba. Lo más destacable: el capítulo de 'El Muro'. Hermoso análisis de esa cicatriz que atraviesa la ciudad y de un muro que tejió el futuro de lo que vendría después.
Uno de los descubrimientos mas fascinantes que he hecho en cuanto a libros se refiere. La manera que tiene Morabito de escribir es sumamente refrescante. Este libro me dejo con un muy buen sabor de boca. Es ligero, agil y logras conectar con lo que lees en mas de una ocasión. ¡Que gran libro!