Alfonso Ruiz de Aguirre traza en El Baño de la Cava una de esas tragedias eternas, intemporales, en las que se hace presente la idea del destino con la fiereza y la naturalidad con que irrumpía en el teatro griego. Este sentido mítico y simbólico, unido a una prosa de frecuente y rica vena poética, sirven al autor para reconstruir una España que hoy ya no existe, plasmándola con tal vividez, y proyectándola con tal fuerza en nuestra imaginación, a través de la narración y del lenguaje en que ésta se vierte, que muy difícilmente puede resultarnos ajena. LORENZO SILVA