Si la búsqueda de la propia sabiduría, el conocerse a sí mismo, es la tarea última, primera y fundamental que cada ser humano se propone, la filosofía sería el quehacer más propio de las mujeres y de los hombres. No podemos dejar de pensar, y nunca los seres humanos han dejado de hacerse preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué nos hacemos preguntas?, ¿es este el mejor de los mundos posibles? ¿Cuál es mi rol en todo esto?
Y son estas grandes preguntas las que contienen las pequeñas preguntas: ¿estoy razonando correctamente?, ¿puedo razonar mejor?, ¿puedo mejorar mi pensamiento crítico?, ¿puedo elaborar pensamientos creativos? Paradójicamente, la educación que brindamos a nuestros niños y jóvenes ha eludido larga y eficazmente estas preguntas. La currícula de la escuela inicial, primaria y secundaria no está vertebrada alrededor de las preguntas sino alrededor de las respuestas.