“Eran las 4:30 pm. El fierro perforó la cabeza de Phineas. Su rostro primero. Entró por debajo de su pómulo izquierdo y salió por la parte superior y anterior de su cabeza. En el camino, sacó su globo ocular izquierdo de su órbita, desplazándolo levemente hacia adelante. En su trayectoria de salida se llevó un pedazo del cerebro del hombre al que conocían como Phineas Gage”. El hombre de esta historia tenía 25 años cuando un accidente laboral lo transformó en un mito. Lo que vino después –la vida de alguien que ya no fue el mismo- lo trajo a Valparaíso y lo convirtió en el caso que cambiaría el rumbo de las neurociencias. En todo lo que se ha escrito sobre la asombrosa vida de Phineas Gage siempre faltó una pieza: ¿Qué pasó durante sus años en Chile? Los escritos de Manuel Antonio Carmona, el médico chileno que resolvió el misterio de la Endemoniada de Santiago, proveen un relato extraordinario sobre las andanzas en Valparaíso de uno de los pacientes más famosos de la medicina mundial.”
Es entretenido, como para leer en la micro o en el metro. Si bien la historia de Phineas Gage es muy buena, me pareció que se incluyen muchos pasajes innecesarios, que más bien parecen una acumulación de datos históricos que no tienen ninguna resonancia en la historia.
Phineas Gage es uno de los casos más famosos en la historia del estudio de las funciones cerebrales. Pero Aravena logró contarnos una historia cuya importancia es fundamentalmente científica, desde un lado humano fascinante. Y a partir de una etapa normalmente no comentada y casi oculta de la vida de Gage: su estancia en Chile. Humanizar a un personaje así, que ha sido siempre considerado más un objeto de estudio que una persona en sí misma, es ya un mérito enorme. Y lo hace con una prosa sencilla, sin pretensiones, ágil y entretenida.
Extraño en su forma, a dos tiempos y espacios; en su estilo, que es una mezcla de libro de historia, recuento médico, de cartas y novela; y su protagonista que no es realmente. Es una interesante primera novela.