Desde tiempos inmemoriales, la Confederación de Provincias del Norte se encuentra en guerra con el Sur y, para aumentar sus números, utiliza gran parte de sus recursos en el rescate de niños enemigos; es decir, en el secuestro y posterior reeducación de estos para que sirvan al Norte y no a su país natal. Tal es el caso de Sean Samsen, un informático de diecisiete años. Cuando es convocado para desenmascarar una misteriosa amenaza sureña, tiene que lidiar con un pasado que ha intentado olvidar y viajar contra su voluntad, junto con la doctora Kethlyn Dunmer y el comandante James Hentersen, por las Tierras de Nadie, la principal franja de conflicto entre las dos naciones. En un mundo sumido en la violencia, donde la traición, la tortura y el secuestro de infantes son moneda corriente, Sean Samsen deberá adaptarse rápidamente o encontrar su fin en la travesía.
Discordia, de A. J. Máspero, entraña entre sus páginas una desgarradora e enigmática historia de guerra, familia, secretos y honor, un viaje de más de quinientas páginas que toca múltiples temas, los cuales se van a ir desplegando de a poco con maestría y soltura. Porque esto es algo que quiero resaltar: la trama de Discordia es compleja e intrincada, pero esto, lejos de ser una contingencia, es uno de los puntos que más impulsan a Discordia a transformarse en una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído. El autor estuvo a la altura de su novela, y cada elemento de la historia tuvo un porqué y una razón de ser para su correcto funcionamiento. Todos los hechos presentes en Discordia, ya sean en el pasado o en el presente, se mueven como piezas de relojería en una trama trepidante que hace su escalada hacia un clímax inolvidable.
En Discordia, prejuiciosamente esperaba encontrarme con personajes de cartón, bidimensionales y poco desarrollados. Sin embargo, en este aspecto Máspero me sorprendió. Los personajes, a excepción de unos pocos secundarios, gozan de un armado minucioso y certero, con un trato tan complejo como la trama y tan humanos como imperfectos. Aquí hay grandes héroes indestructibles, sí, pero también hay otros, como es el caso del protagonista, que se salen de la norma y, en un ambiente de guerra y brutalidad, salirse de la norma puede significar la muerte. Esto hace que, en particular con Sean, uno nunca sepa realmente cómo podría salir de ciertas situaciones adversas, lo que mantiene el suspenso hasta el final. Con un personaje todopoderoso, basta con que muestre sus habilidades para escapar de los conflictos, sin embargo, el protagonista de Discordia representa lo que seríamos la mayoría de nosotros: personas que, poco preparadas, se ven forzadamente metidas en un enfrentamiento peligroso tratando de evadir una muerte cada vez más cercana. Esto genera cierta identificación con Sean, y también empatía.
El honor y el deber son los dos principios esenciales que mueven a los personajes en Discordia. Los personajes luchan por algo que no conocen. La guerra tiene un inicio olvidado, desconocido, pero los miembros de las naciones del Sur y del Norte se enfrentan a muerte sin pensarlo dos veces. Porque aquí hay algo muy interesante que remarcar: si los personajes de Discordia no pelean en pos de algo, lo hacen para evitar algo: la destrucción del hogar, de la familia. En esta novela, está muy destacado el concepto de comunidad. Tanto los habitantes del Sur como los del Norte están unidos entre sí por la certeza de que, entre ellos, son una comunidad indestructible. Esto es algo muy interesante en el libro: la guerra como medio de unión. El énfasis en la inquina que preexiste entre las dos naciones se ve contrariada por la simpatía y pertenencia que subyace entre los habitantes de dichas naciones. En la ignorancia, los personajes luchan no solo por sí mismos, sino por mantener erigida la nación que aprendieron a obedecer sin dubitación.
También cabe resaltar que el ritmo de Discordia es raudo, feroz. Sus más de quinientas páginas se me escurrieron como agua; tan es así que en solo tres días, usando cada segundo disponible de mi tiempo, di con la última de todas. Una vez que lo empecé, no pude detenerme hasta acabarlo. El autor sabe muy bien cómo mantener el misterio y el interés, esto contribuido en gran parte por los mismos personajes, que esconden mucho más de lo que se ve a simple vista, y ese afán por descubrir todo sobre ellos es lo que, además de la trama, hace de la lectura de Discordia un punto sin retorno. Los secretos y las motivaciones personales (varias de ellas ocultas) forman personajes sólidos e intrigantes. Citando a Morton: “That, my dear, is what makes a character interesting: their secrets”.
Como puntos negativos debo mencionar unos pocos pequeños pero no por eso menos excusables: contados diálogos me parecieron un tanto forzados (principalmente en las escenas finales, que me hicieron acordar a la conveniente verborragia de los asesinos cuando son desenmascarados en algunas novelitas de misterio), también las apariciones de ciertos personajes me hicieron ruido y me resultaron bastante injustificadas, y un hecho de la conclusión me pareció que estaba de más (a no ser que vaya a tener una importancia en una posible secuela). Como agregado, dos puntos negativos más bien personales. El primero es que no soy muy aficionado a las novelas de ciencia ficción, y menos a las que tratan de conflictos bélicos, de todas formas, valorando todo lo demás, el trasfondo beligerante no significó para mí un notable punto en contra, solo hubiese disfrutado más la novela si estuviese bajo otro contexto (este punto hasta podría considerarse uno a favor, puesto que, a pesar de no gustarme mucho el género, Discordia logró fascinarme de igual manera). El segundo no es otro que mi búsqueda de profundidad. En este tipo de novelas, exigir un momento de reflexión (que invite a la introspección) puede resultar contraproducente y hasta anticlimático, pero, en mi opinión, no hubiese quedado mal algún diálogo reflexivo para evadir la superficialidad y el entretenimiento escapista; las oportunidades no faltaron. No obstante, estos puntos en contra son subjetivos y corren a cuenta del gusto y ánimo de cada lector.
En fin. Discordia, de A. J. Máspero, es una obra extraordinaria. Independientemente de los puntos que no me gustaron, estos no son nada comparado con todo lo demás, que es una maravilla. Discordia es una novela meticulosamente planificada, extremadamente adictiva e inolvidable. Una joya argentina perdida en un océano de ficción convencional. Les recomiendo a todos que la lean. No se van a arrepentir.
GRAN libro. Desde el desarrollo de los personajes focalizado en la primera mitad, hasta los adictivos capitulos de la segunda parte que, sencillamente, hacen que sea imposible dejar de leer. Las últimas páginas son un desenlace acorde a la historia y platan las semillitas de una posible secuela que, en caso de que venga, espero con ansias y no voy a dudar leer.
Destaco el formato dado a la historia, tanto en el aspecto de los puntos de vista como el uso de los interludios para contar historias pasadas que no bastan con un simple recuerdo narrado en dos páginas y valen la pena su desarrollo.
Felicitaciones por demás a mi buen amigo Andrés Máspero, keep doing stuff like this.
Un buen libro, cuya trama (a mi juicio) cobra interés a partir del primer interludio, cuando uno comienza a comprender el por qué de algunos acontecimientos y de ciertos aspectos de los personajes. A pesar de su corta edad al momento de la escritura, las características del trabajo revelan el conocimiento del autor respecto al género y su calidad literaria, lo que le augura sin dudas un futuro promisorio en el mundo de las letras.
Andrés, autor de esta novela y conductor del podcast de Juego de Tronos Argentina, tuvo el detalle de mandarme esta su segunda novela, recién salida al mercado. Y como es de ley y como hago con todo lo que leo, aquí va mi reseña de la misma. Y digo que reseño lo que leo, porque hay muchos libros que dejo y al contrario que con las películas, donde puedo ver muchas cosas de dudosa calidad, y luego quedarme ancho poniéndolas a parir, con los libros, si no me ganan soy incapaz de seguir con ellos.
Quiero decir con esto que soy un lector difícil de ganar y con Discordia, Andrés ha sabido mantener mi atención, con la dificultad de tener que adaptarte a un entorno nuevo y en el que no sabes realmente porque ocurre, ni como se originó el conflicto que condiciona la vida de los personajes. Bien, pues ademas de mantener el interesa por querer saber, también mantiene bien el que no sepas como demonios va acabar la historia al ser tan amargamente distópica en el peor de los sentidos para los personajes, que no andan sobrados de alegrías.
Como digo, es un mundo muy crudo, muy orweliano, donde todo esta pensando para la guerra, las mujeres son en su mayoría, fabricas de soldados y los soldados son el combustible que sostiene al régimen y a una guerra perpetua que nadie parece muy determinado a terminar, una vez que la sociedad se basa en ella y la vida de todo el mundo es un recurso para la misma, mientras es útil. Me ha gustado la novela y me ha sorprendido con los giros y contragiros del final
Un libro que logra atraparte desde el prólogo, es imposible no querer saber porque los personajes actúan de tal manera, con tanta pasión hacia su causa. Ver el punto de vista de cada uno de ellos permite que el lector sienta apego por ellos, que sufra con ellos.
Con varios secretos que se descubren a partir que uno avanza en la lectura, «Discordia» se convierte en un libro que el que disfrute de conspiraciones no debería perderse.
Una atrapante novela de principio a final donde el autor se supera mucho respecto a su primer trabajo. Gran historia, grandes personajes y, sobre todo, un gran final con una giro sorpresivo en la trama como nos tiene acostumbrado Andrés Máspero.