La sucesión presidencial en 1910 es un libro práctico, casi terapéutico, sobre los males históricos de México y la forma de curarlos. Francisco I. Madero -médico caritativo y sagaz empresario- somete el régimen del general Porfirio Díaz a un riguroso exámen, en el que halla zonas de salud y zonas enfermas, activos y pasivos. ¿Cómo negar, argumentaba el empresario, "el gran desarrollo de la riqueza pública, la extensión considerable de las vías férreas, la apertura de magníficos puertos... y sobre todo, ...hada bienhechora de tanta maravilla, la paz que hemos disfrutado por más de treinta años?" Pero la enfermedad, explicaba el médico, era "aterradora", no sólo por la concentración excesiva de poder, sino por el analfabetismo y la mentira, sutil veneno que corroía desde dentro al organismo mexicano. El respeto aparente por la Constitución que en la práctica se desvirtuaban, eran condiciones que con el paso del tiempo convirtieron la vida nacional en un teatro de sí misma. México se había vuelto el país del disimulo, del cinismo y del miedo.
Tras el diagnóstico, Madero receta el remedio en forma de ingeniería política: había que fundar cuanto antes un partido independiente y persuadir al viejo dictador de honrar sus promesas de apartarse del poder y convertirse en garante de la naciente democracia mexicana. Pero el general Díaz desoyó aquel llamado de Madero, desdeñó su capacidad organizativa y terminó en el exilio, sin entender cabalmente su inmensa responsabilidad en la revolución que se desataría dos años después de la publicación de este libro.
Francisco Ignacio Madero González fue un empresario y político mexicano. Su proclamación en contra del gobierno de Porfirio Díaz suele considerarse como el evento que inició la Revolución mexicana de 1910. Durante este conflicto, Madero fue elegido presidente de México, cargo que ejerció desde el 6 de noviembre de 1911. Poco más de un año después, en 1913, fue traicionado y asesinado junto con el vicepresidente José María Pino Suárez, como resultado del golpe de estado (la llamada Decena Trágica) dirigido por Victoriano Huerta.
Si algo aprendí de este libro, es que hace cien años las campañas de desprestigio eran mucho más educadas. Se la pasa diciendo "No cabe duda que don Porfis es una persona de calidad moral intachable y su integridad es innegable y blablablá... pero mejor que ya convoque a elecciones porque huele a viejo". Otra cosa que menciona es que no había necesidad de una revolución armada para romper la racha de reelecciones... pero pues la cárcel hace que todos cambiemos de opinión.
Un detallito extra: Dice, sobre una posible guerra por territorio entre Estados Unidos y México: "Esa guerra es, además, muy poco probable, porque al elevado nivel intelectual y moral del pueblo americano, repugnaría una guerra tan sangrienta solo por proteger los intereses de algunos capitalistas, que muy bien podrán encontrar protección o indemnización valiéndose de las vías diplomáticas."
I once heard that the "I" in Francisco I. Madero stood for "Idiot". Reading this book, I understand tbat might be true. While the first part of the book is a very accurate diagnostic, in terms of democracy, of the failures of the Díaz regime, the second part, in which he explores a potential run as an opposition candidate, is completely baseless as a practical guide; notably, in light of what happened later, it lacks a part on what if Díaz would not agree to a democratic process. A very interesting book in historical terms, but it is far from being the igniter of the Mexican Revolution as some experts say.
"El gran defecto de los partidos personalistas es que, una vez obtenido el triunfo y que el jefe del partido llega al poder , nadie vuelve a ocuparse de la cosa pública, dejando todo en manos de su jefe y limitándose a obedecer sus órdenes ciegamente"
Con un lenguaje práctico, Francisco I. Madero articula mediante un análisis histórico las deficiencias políticas de su tiempo. Es preocupante que mucho de los temas que aborda: militarismo, absolutismo, "los presupuestívoros" y la reconquista de los derechos del hombre y garantías inviduales, sigan siendo las preocupaciones del México de hoy, con las inevitables variaciones que el tiempo ocasiona.
Su preocupación por establecer un sistema de partidos que contrarreste el culto a la persona me parece de lo más acertado para la situación que vivía, pues con ojo crítico veía lo que más tarde vendría a llamarse dedazo. Es interesante, además, que siendo parte de la clase beneficiada por el gobierno de Díaz, como él mismo lo establece en sus motivos para escribir el libro, tome una postura de oposición.
Quizá fue su ingenuidad teórica y falta de pragmatismo político lo que llevo a este pensador a no poder asumir en concreto los vaivenes del poder. Sin embargo, nos deja en esta obra un gran antecedente ideal de por qué luchar y cómo luchar contra la apatía que reina en una sociedad. Pues en vez de conformarse con el beneficio propio, que tanto se propagaba en su época, Madero invita a buscar el bien común.
En conclusión, podríamos cambiar algunos nombres y encontraríamos tremendos paralelismos en el siglo que sigió después de la publicación de este libro.
Excelente por su carácter histórico, no por el motivo por el que fué escrito en aquel tiempo. A la crítica, hay que recordar que Madero no era un académico sino un empresario, para juzgar como tal, la narrativa y el análisis histórico es excelente. Nos puede transportar en el tiempo y hacernos imaginar las ideas y los problemas de un mexicano hace 113 años. Aunque innegablemente la revolución solucionó ciertos problemas, muchos otros son los que nos siguen concerniendo hoy en día.
Una lectura fundamental para quien ama la época revolucionaria. Franciso I. Madero, refleja un análisis absolutista, las consecuencias de la dictadura de Porfirio Díaz, y cómo esta se refleja en México.
México nunca se repuso de esta basura panfletaria, seudohistórica, bastarda de una Ilustración que, como apuntaba Nicolás Gómez Dávila, terminaría por devorar a sus propios ideólogos.
Es increible como después de 100 años, aún tiene una vigencia social y política el presente libro. Francisco I Madero muestra al pueblo mexicano, las deficiencias de un gobierno absolutista, ineficiente en el quehacer democrático, y corrompidos por el poder. Creo que muchas cosas no han cambiado. Madero busca retratar de una forma objetiva, los resultados y errores de la dictadura Porfiriana; e inclusive abre una puerta que le permitiría a General Díaz, cerrar con broche de oro su gobierno, invitandolo a ser un promotor del Sufragio Efectivo - No reelección. Al leer este libro, encuentro una evidencia clara del por qué Díaz pasa de heroe nacional a villano. Si hubiese tomado otro rumbo, quizás tendríamos un heroe más en nuestro panteón de mexicanos ilustres. Es necesario declarar, que Madero era un visionario, un idealista; de ninguna manera era historiador o político, y el libro tiene la narración típica de una persona entusiasta que hace sus declaraciones de una forma coloquial y nada tediosa. Una lectura acorde a los festejos del centenario de la revolución mexicana, y obligado para conocer nuestra historia.
Madero nos muestra la organización social y política de México a principios del siglo XX, me impresiona como a pesar de todo él muestra un gran respeto por Porfirio Díaz, llegando a decir que su largo gobierno fue necesario mucho tiempo para establecer la paz después de las largas guerras del siglo XIX, compara este país a través de la historia con el México que él vivió, elogiando los aciertos de algunos y señalando los defectos de otros. Sorprendentemente reconoce en Porfirio Díaz a una persona de grandes cualidades e irreprochable conducta, pero con una edad demasiado avanzada para gobernar el país. Madero muestra rasgos de su propia personalidad y esperanzas pues deja ver su gran optimismo en que México era un país apto para la democracia, una idea fuera de tiempo, una personalidad fuera de tiempo. Lo que no me gustó del libro es que puede llegar a ser un poco repetitivo hacia los últimos capítulos.