Hace veintiún años, Justo Navarro publicó en Anagrama una novela excepcional, negra y maldita: La casa del padre, situada en los años de la Segunda Guerra Mundial. Vuelve ahora al mismo mundo, por el que también han pasado veintiún años: ya es 1963 y la vida y la muerte se han modernizado.
Con el amanecer, en una habitación de hotel de Granada, se descubre el cadáver de un abogado. No es más que otro nombre que se añade a una lista de otros varones que, al igual que ese abogado, también se han dado muerte por mano propia. En ese año, Granada sufre unas grandes lluvias que han inundado la ciudad. ¿Cómo lo ve desde sus gafas de trece dioptrías el viejo comisario Polo, ingeniero de telecomunicaciones, visionario de la vigilancia, profeta del espionaje televisual y telefónico? Hombre de bien, saluda la futura transformación del Estado Policía en Sociedad Policía. Queriendo saberlo todo, sabe que a partir de cierto límite es mejor creer que averiguar, e indaga en unas muertes que de ningún modo pueden ser asesinatos: el jefe del Estado y su carrusel de jerarcas están a punto de desembarcar en la provincia inundada.
Qué eterno se me ha hecho el libro. Me parece que Justo Navarro tiene una escritura bastante simple, no me ha gustado nada, salvo algunas frases que he subrayado. La historia es sobre una serie de crímenes misteriosos que suceden en una Granada todavía herida por la inundación de 1963, pero nada extraordinario. Muchos personajes, pero ninguno entrañable o excepcional. Es la primera vez que leo un libro del autor pero es suficiente para detectar que no solo no me gusta lo que cuenta sino que tampoco la forma en que lo hace; todo el lineal y es fácil perder el hilo por tantos personajes confusos.
Ha sido difícil acabar este libro. Una novela negra basada en los años 60, con una visita de Franco a Granada. Es un proyecto muy interesante. Pero el autor ha desaprovechado la idea. Un fiasco que he agradecido finalizar.
Cómo novela esta bien escrita, claro, es un filólogo, como policial le pondría 3 estrellas, pero perdió tantas hojas en hablar del dictador infame y asesino de Franco que me dió asco.
Con este libro no puedo ser imparcial porque me habla de una Granada que no conocí, la de la gran inundación de 1963 cuya consecuencia fue la construcción de nuevos barrios para los damnificados. En ese marco se producen una serie de muertes que hay que relacionar para entender lo que está pasando. Se retrata a unos personajes, la mayoría de clase alta, que muestran una cara pública y otra privada. Todo eso forma una novela interesante que te mantiene intrigado hasta el final. El autor abusa de las enumeraciones, al describir aparecen listas interminables que cortan la acción y no aportan nada más que mostrarnos su erudición.