Volví de un viaje largo (tres semanas) y creí que un libro de poesía me daría un paseo tranquilo por la zona de confort que ciertos versos dan. Pero el rugido de Martín Rangel es todo menos leve: hay paz y cadencia en sus letras, pero no hay tregua en su búsqueda (y encuentro) de cosas cotidianas que son bonitas pero lo son más (para mí) desde la ventana que él creó. No sé porqué me gusta leerlo en voz alta.
Martín Rangel me sorprendió con Rojo, pues a muy corta edad había logrado una efectividad poética que muchos de su generación (y otros poetas "mayores") quisieran, sin perder la frescura de la juventud. El rugido leve me parece un punto de transición bastante interesante, pues ahora, los versos son quizás mucho menos "formales" y el juego del lenguaje decanta por un estilo mucho más musical (no en el sentido lírico, sino como una especie de rap poético) sin perder la efectividad de los mismos. De pronto, algunos versos me parecen excesivos y rompen la armonía de ciertos textos, pero en general se trata de una colección bastante disfrutable.