«No son sermones ni discursos lo que los niños y adolescentes necesitan, sino la comprobación vivida de que leer literatura vale la pena. Y la única manera de hacerlo es contándoles y leyéndoles, despertando su curiosidad y su gusto, dejándolos encontrar su camino, dejándolos que descubran en lo que leen ese eco cercano de la voz materna». Felipe Garrido