Lucrecia, la protagonista de esta novela habita el reverso de una casa en ruinas, un espacio dominado por la mirada esquiva de un padre ausente y la repercusión de una tragedia familiar que lo ha congelado todo. Lo que comienza como una antigua y soterrada atracción por lo animal se desborda -ante la llegada de Hugo, un setter irlandés- en una obsesión absoluta y magnética. Este vínculo mudo se convierte en el único territorio donde el deseo no rinde cuentas, pero también en el eco de un secreto que alguien llegó a descubrir antes de partir para siempre. Martina Tolosa despliega una cartografía del tabú y la desolación de una manera tan audaz como bella. El silencio de las bestias no busca la provocación fácil sino que indaga con crudeza en los puntos ciegos de la realidad.
“Esta novela, de prosa ágil y cercana, me hizo sentir incómoda, conmovida y sorprendida. La ternura de la mirada de la protagonista hacia su objeto de amor, Hugo, me hizo olvidar por momentos lo perturbador del vínculo. Tolosa construye una protagonista tan frágil y necesitada de afecto que en lugar de generar, como se espera en una historia así, rechazo, provoca empatía en el lector”.
Martina Tolosa nació en Puerto Madryn, Chubut, el 05 de diciembre de 1993. Se mudó a Buenos Aires a los doce años, para luego formarse en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Asiste al taller literario de Luis Mey desde el año 2019. Actualmente se dedica al marketing online y la redacción de manera freelance. Viracocha es su primera novela.
Si no hubiera por la editorial que me dio el libro por la colaboración no me hubiera cruzado por la cabeza leerlo y más con la temática que nos presenta. Admito que no es un libro para cualquier lector si te gusta los temas tabúes, leer desde la cabeza del protagonista y adolecetes con falta de amor (en este caso paternal) este libro es para vos.
Lucrecia vive un he traumático, el accidente de auto que ella misma manejaba y que murió su hermana o Tomás. Su padre consumido por la tristeza toma distancia de su hija y ella lo nota. A la par, Lucrecia conoce a Hugo, un perro hermoso con un color naranjado atardecer, y comienza a cinturones un vínculo entre ellos pero no de mascota y dueño. Un vínculo “amoroso” rozando la observación y posesivo pero conformando con gesto tierno.
La pluma de la autora es hechizada, con un ritmo que te empieza a seguir con la lectura narra los pensamientos, sentimientos y acciones de Lucrecia invitando al lector de conocerla en primera persona. Además, construye descripciones que podes sentir el ardo del verano, el sabor del viento salado de mar de palta y el cambio de estación del verano a tono.
No es un libro para todo, lo admito. Al principio me asustó pero me animé a seguir porque hay dos historias paralelas, por un lado Hugo con Lucrecia y por el otro la historia de que pasó antes del accidente y que onda la relación de hermanos que tenían. A veces es incómodo y otras te olvida que Hugo es un perro porque Lucrecia lo trata con gesto cariñoso y tierno como el amor de su vida.
Lucrecia es una chica que es segura en sus acciones pero dentro desea volver a la época que era la nena de papá y el cariño que le daba el. También vemos donde nace este “amor” con los animales porque se entrelaza con el trabajo de su padre que se el veterinario del pueblo y en cada trabajo ella lo acompañaba por ende siempre estuvo en contacto con animales, un punto que compartía con su padre que con Tomás no (él rechazaba el trabajo de campo y trata con animales, pero evidenciaba envidia con su hermana por el acercamiento que tenía con su padre)
Me encantó que una parte ocurriera envidia pueblos y otra en Mar de Plata porque lo que alguna vez fuimos o vamos seguido pudimos reconocer las calles, zonas turísticas, las playas y comidas (aguante los churros de Manolo)
El final duele porque llega a empatiza con Lucrecia por su necesidad de amor. Pero cuando llegas al final volver a comenzó de la novela porque nos estaba diciendo de un comienzo cómo terminaría la historia jaja