Logra bien su propósito, que según yo vendría siendo una pequeña llamada de atención muy traviesa a las niñas y los niños que pasan frente a la pantalla, y a sus madres y padres que lo permiten. Hay una crítica fuerte de parte de Mateo al pensar que su mamá nunca se dará cuenta de que desapareció porque su mamá siempre está haciendo otras cosas. Por otro lado, María entra a la TV con una postura más preocupada, pero mantiene la ironía al responder a su madre que "no se movió de frente de la pantalla".
La autora crea entre sus personajes a una niña activa y crítica de su entorno, a pesar de estar pegada a la pantalla. Y por otro lado, tiene a Mateo como un niño que quiere evadirse totalmente y prefiere vivir dentro de la TV. Ambos casos son muy válidos, pero es interesante ver cómo Mateo no es feliz en su entorno y no quiere aceptar que lo quieren en casa, a pesar de todo.
Salen muchas aristas para conversar con pequeñas y pequeños lectores al respecto, más allá de la aventura en sí misma. ¿Cuántas niñas y niños se sentirán así de dejados de lado como Mateo hoy en día? ¿Cuántas mamás y cuántos papás ni se enteran de en qué se han metido sus hijas e hijos? Si bien el libro tiene casi 20 años de antiguedad, el tema no queda obsoleto, por más que la tecnología haya cambiado muchísimo.