Durante años, Ángela fue la escudera incansable de su hermano pequeño: lo acompañó en su enfermedad, lo protegió con una sonrisa cuando el mundo se desmoronaba y se convirtió en su sombra cuando el miedo se hizo rutina. Pero cuando él murió, su armadura se rompió… y fue ella quien necesitó que la cuidaran.
Este libro es un viaje brutalmente honesto por el duelo, la culpa, la ansiedad, la depresión y la salida —a veces a gatas— de un pozo que parecía no tener fondo. También es un homenaje al amor incondicional, al poder de una red de apoyo y a la vida que, pese a todo, siempre acaba encontrando la manera de abrirse paso.
No es un manual. No hay recetas. Solo una historia real contada sin filtros, con el corazón en carne viva y una voz tan cercana que parece que te habla al oído.
Para quienes cuidan hasta agotarse. Para quienes han perdido. Para quienes, como Ángela, están aprendiendo a volver.