Era verano de 1987 cuando, un día que hacían natación, Ahan conoció a Birdy, un nuevo estudiante de otra especialidad que se unió a la banda de música de la escuela católica en la que estudiaba. Como si ese primer encuentro fuera un fuerte destello que se marca a fuego en la retina, Ahan se siente irremediablemente atraído por Birdy, por esa sonrisa juguetona y por sus ideas locas, las cuales siempre lo terminan metiendo en líos pero de las que no quiere desentenderse. A su lado, Ahan no solamente comienza a sentir cosas que, en teoría, solo debería sentir hacia las personas del sexo opuesto, sino que nacerá una vínculo muy fuerte entre ellos. Tanto es así que Ahan prefiere pasar su tiempo libre con Birdy en vez de con Horn y los demás compañeros de cuarto de la residencia de la escuela en la que estudian.
Mientras ese verano comienza a hacer que Ahan se pregunte muchas cosas de las cuales había tenido sospechas pero que había ignorado hasta entonces, hasta que Birdy entró en su vida, la ley marcial cae y un nuevo florecimiento y muchos cambios sociales están por empezar en la isla. Y esos cambios, para desgracia de Ahan, no se traducen en aquellos que su corazón grita. Narrándonos una historia sobre identidad, primeros amores, y con una cara realista sobre el colectivo LGBTIQ en la Taiwán de los ochenta, la adaptación literaria de Llevo tu nombre grabado es una historia conmovedora y dolorosamente hermosa donde somos testigos de un amor puro y prohibido en una escuela católica y en un país donde su sociedad era profundamente homófoba. ¿Qué nos queda cuando debemos negar nuestros sentimientos y nuestra verdadera identidad?
Iniciando la historia in medias res, Llevo tu nombre grabado nos traslada a una reunión de antiguos alumnos treinta años después de los acontecimientos que relata el libro, a hombres adultos que se han juntado para rememorar al Padre Óliver, el encargado de la banda musical, y el cual ha muerto recientemente. Entro ellos está Ahan que, a pesar de ser diferente al resto, sonríe y les sigue a todos la corriente como si fuera otro señoro heteronormativo más en esa estancia en la que las risas y las anécdotas familiares le son ajenas. Pero nada más lejos de la realidad. Mirando todas esas caras, Ahan no puede evitar pensar en su primer amor, en un chico de sonrisa fácil y contagiosa que cambió todo su mundo un verano hace tres décadas, ese verano en el que al fin pudo aceptar sus sentimientos y su preferencia sexual.