Fue una sorpresa total esta novela. Se siente viva, fresca, sin poses ni ganas de aparentar algo que no es. Avanza fiel a sus propios códigos, con un realismo directo que a ratos incomoda, incluso se vuelve oscuro, casi tétrico, pero nunca gratuito. Más que una historia de descubrimiento, el libro se mete de lleno en la imposición: en cómo el mundo adulto aprieta, castiga, corrige y ejerce pequeñas violencias que se vuelven constantes, casi invisibles. Hay una micro-tortura cotidiana que se normaliza. Lo que vemos son niñas tratando de existir dentro de un sistema que no las escucha, que las mide y las disciplina, mientras ellas buscan, a su manera, un espacio para respirar.
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Me encantó! A través del libro, conectas con la experiencia del primer amor y también con todos los desafíos de un amor lésbico “prohibido”. Lo recomiendo si buscas una lectura entretenida y atrapante, con temática LGBT.