Novela autobiográfica que se ambienta en la época de la dictadura de Trujillo (1930-1961), en la década del 40, en la cual tomaron fuerza las protestas estudiantiles contra la tiranía, y en la misma la autora, a manera de soliloquio, reflexiona sobre la violencia, la opresión y la guerra.
Nada que tenga que ver con Trujillo me gusta. Esta no fue la excepción. Eso respecto al argumento. En cuanto al estilo de la autora resalto el uso de figuras literarias. Leer a Hilma Contreras es placentero porque escribe sin desentenderse de la belleza. Esta mujer debió dedicarse a poeta. Finalmente, quiero destacar un aspecto que he visto en Hilma y también en otras autoras dominicanas y que entiendo que es una influencia de la época: la voz del narrador que se funde con los personajes.
Esta característica la he visto funcionar en Virginia Woolf, por ejemplo, en su novela La señora Dalloway y funciona porque no es exactamente la voz del narrador que se funde con la de protagonista. Es decir, el narrador no deja de hablar en tercera persona, pero hay momentos en los que deja la historia de lado y se mete en la mente de los personajes. Esto no sucede así en Hilma (y tampoco en Jeannette Miller, por ejemplo) debido a que en un momento hay un narrador en tercera persona, sin embargo de repente es la propia Eugenia (la protagonista) la que está contando. Esto me parece problemático porque confunde al lector y en algunos puntos resulta contradictorio porque un narrador protagonista no puede saber lo que piensan los personajes ni lo que sucede en los lugares en que no está.
"No sabía ver como todo el mundo. Solamente sentía. Lo sentía todo, hasta la quietud de una pared, hasta el polvo de los caminos. Huía de la gente, pero me buscaban. ¿Por qué me buscan? No lo entiendo. Cada día me cuesta más fatiga abstraerme de mí misma, verterme en la realidad, en la desgarrante realidad que me sale al paso."