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La maladreja

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158 pages, Paperback

Published January 1, 2025

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Marcelo Coccino nació en Bernardo de Irigoyen, provincia de Santa Fe, en 1976. Cursó los estudios correspondientes al Ttraductorado Literario y Técnico-Científico en inglés en el IES Nº 28 "Olga Cossettini" y luego la Licenciatura en Traducción en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
En la actualidad, además de desempeñarse como traductor independiente, es profesor en las carreras de Traductorado de los Institutos de Educación Superior "Olga Cossettini" y "Pago de los Arroyos"; también es docente wn otros institutos terciarios y en colegios secundarios.

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Profile Image for LucStella.
7 reviews
March 17, 2026
La maladreja como obra completa es una recopilación que debe su carácter magnético, ecléctico, bello y humorístico a la gran pluma de su artífice, Marcelo Coccino. Mucho de lo que destaca en cada relato es obra de la polimatía, la prosa y la mordaz perspicacia para relatar la cotidianidad que posee su autor.

En primer lugar, la mayoría de los cuentos poseen un trasfondo que apela ingeniosamente al schema del lector. Ya sea histórico, como en “La rutina de los rieles” o “El mar de los espejos”, o psicológico, como en “Las uvas verdes” o “El precio es lo de menos”, dicho trasfondo suele ir acompañado de simbolismos que desvelan el verdadero sentido del relato.
En segundo lugar, el empleo del tiempo narrativo, la elección del tipo de narrador o la capacidad para crear cadenas léxicas son virtudes que cimientan cada historia con audacia. El común denominador de cada historia —esté en analepsis, prolepsis o in extrema res— es que uno siente un interés profundo por saber qué va pasar gracias a que cada línea temporal está al total servicio de la historia. Por ejemplo, en “Natalio Iglesias nunca debió doblar”, el propio título, junto con los primeros fragmentos, ya nos deja en claro que algo trágico ocurre en la historia y nuestra tarea es navegar para saber qué es. Asimismo, el tipo de narrador es un componente clave en cada título. Casos paradigmáticos encontramos en los narradores de “La rutina de los rieles” o “Regreso a casa”, quienes, en su mayoría, son de tercera persona omniscientes, pero que, por momentos, incluyen huellas de subjetividad, sarcasmo o ignorancia que nutren los párrafos de un sello literario imaginativo y nítido.

Por si fuera poco, dado que Marcelo es traductor, podemos notar que su narración busca algo que todo profesional de esta área busca: precisión léxica. Mientras algunos pasajes son una exhibición de figuras literarias, observaciones incisivas o disposición sintáctica, a mí me gustaron particularmente frases como “enclaustrados como monjes medievales”, “corcovea como un potro embravecido”, “cruzar el umbral” o “tribunal adusto […] de ojos inquisidores”. En todos y cada uno de estos extractos la expresión literaria y la extensión de las metáforas deleitan al lector. Por ejemplificar, el participio adjetivo “enclaustrados” nos retrotrae directamente a la Edad Media de las cruzadas y la difusión cristiana en Europa. Tan fascinante es esa referencia como la que a uno se le viene a la cabeza al pensar en la espalda encorvada de un potro que denota el verbo “corcovear”. Igual de magnífica es la cadena léxica que emplea Bonito Nievas para describir al tribunal de españolísimos ante el cual compadece. Y así podría seguir y mencionar múltiples ejemplos de esta lírica encantadora.

En otro apartado, exponentes como “La máquina de reparar los días”, “Volver un Domingo” o “Regreso a casa” demuestran una gran puesta al corriente por parte del autor. Los temas que se tratan no solo brindan actualidad, sino que también implican crítica, reflexión y análisis. A base de teñir cada relato de matices grises y complejos, Marcelo trae a colación tanto temas universales (como la traición, el honor o los demonios internos), como problemáticas sociales de ahora y siempre (la corrupción, la monotonía de la rutina o el abandono de la vida sencilla, apacible y compasiva).

Para finalizar, el imaginario de Marcelo alcanza una magnitud tal que permite intertextualidad no solo a otros clásicos de la literatura, como “Don Quijote” o “Moby dick”, sino también a su libro anterior. En “Volver un domingo” se menciona Corondá, misma ciudad que luego se repite en “La maladreja”. Mismamente, Natalio Iglesias desembarca en La Estación, un escenario que Marcelo utilizó para ambientar las historias de Los trenes del tiempo. Esta capacidad de construir un multiverso ya no es solo prueba de confianza en el lector, sino también de destreza literaria.

Volver un Domingo: Muy Bueno
El cuento que abre el compendio nos introduce en un matiz nostálgico, el cual se consigue gracias a la brillante utilización del tiempo narrativo. En primer lugar, el principio del cuento es exactamente el final, lo cual queda demostrado por la primera línea: “Por qué te distraés”. Esto daría cuenta de por qué tanto en el comienzo como en el desenlace se mencionan los ligustros y el horno oxidado que son parte del recuerdo del narrador.

En segundo lugar, el relato posee una intermitencia temporal entre el pasado y el presente que refuerza el tema de la nostalgia: la transformación repentina desde la inocencia infantil hasta la sensatez adulta. El contraste entre la travesura ingenua de quemar naranjas y la mención del “vino para los chicos” como una broma del pasado es una representación clara de este sentimiento de anhelo por los viejos tiempos que tiene el protagonista.

Por si fuera poco, tanto el tiempo verbal utilizado como las referencias deícticas que encontramos en algunos segmentos son un acierto crucial del autor. Por un lado, el presente del modo indicativo evoca la inmediatez y la cercanía de una memoria palpable; hasta me atrevería a decir que lo que experimenta el protagonista es una “magdalena de Proust” provocada por el aroma de los ligustros.

Por el otro, al usar ese presente, la deixis espaciotemporal indica “aquí y ahora”, lo cual traslada los pensamientos del narrador del “yo niño” al “yo adulto”, y viceversa, sin perder el carácter simultáneo. Por ejemplo, un pasaje reza: “El menú de hoy no las incluye, pero no lo saben”. Y más adelante: “Esta noche nos quedamos a dormir de los abuelos”.

Incluso una genialidad de la historia es que el protagonista rememora justo un domingo en el que se puede quedar a dormir porque el día siguiente es feriado, mientras que, en el presente, el día siguiente es día hábil y por eso los protagonistas deben marcharse. Esto puede considerarse como un caso de sincronicidad según lo explicado por Carl Jung, ya que se trata de una coincidencia inexplicable que quizás fue producto de la volición del protagonista, aun si no parece haber una clara relación causa-efecto. En otras palabras, el protagonista vuelve un domingo a la casa de sus abuelos, de alguna manera, porque necesitaba convencerse de que el día siguiente no tenía razón para irse, pero, al final, termine por resignarse ante la racionalidad.

Por último, considero que hay un aspecto que merece un apartado especial: el rol simbólico que tiene la naturaleza en el cuento; al menos, desde mi interpretación. Sin expresarla de forma directa, podemos intuir que el relato ocurre en una zona rural que, según podemos ver, devuelve al protagonista a algunos instantes que atesora de su infancia. Mientras tanto, los acontecimientos del presente mencionan “la plaza” y “la escuela”, dos lugares que podemos asociar con la vida urbana y moderna, mucho más atropellada, atareada e insensible. Por esta razón, tal como ocurre en otras historias de La Maladreja, “Volver un Domingo” también parece discurrir sobre lo que significa dejar atrás la vida apacible, compasiva y añorada que implica ser niño. Es como si “nos corrompiéramos” al madurar.

La Maladreja: Excelente
En tanto que la primera narración giraba alrededor de un conflicto más interno (lo que Robert McKee llamaría una “minitrama” [miniplot]), “La Maladreja” compagina, de alguna manera, los conflictos de Lara y Terto Leura con un conflicto externo que, desde un comienzo, pone en peligro la vida de este último (lo que McKee llamaría una “arquitrama” [archplot]). Sobre esta base se construye uno de mis cuentos favoritos del libro.

En literatura o, mejor dicho, en cualquier arte narrativo, los argumentos se construyen mediante “el qué” (los acontecimientos en sí) y “el cómo” (el estilo literario, tipo de narrador y la distribución de los hechos). Y en lo que concierne a este relato, el cómo resulta fundamental. La preferencia por una trama no lineal, en la que nuevamente encontramos saltos entre el pasado y el presente, otorga un resultado magnífico, puesto que permite que el lector conozca los antecedentes para luego poder asimilar la importancia del clímax; es decir, entender la razón detrás de la expedición de Lara hacia Monte Ceibo y su pavor al agua.

Asimismo, al estilo de “Forrest Gump”, la narración que va desde la genealogía de los Leura hasta la llamada desesperada del pelado Marchetti es una antesala que se interrumpe para dar al lugar al descubrimiento de que Lara sabe que Terto está vivo, tal como ocurre cuando caemos en la cuenta de que Forrest estaba en la parada de colectivo para ir a ver a Jenny.

En paralelo, el hecho de que la narración sea desde la perspectiva de Pedro imprime un valor agregado, ya que no solo da cuenta de las vivencias subjetivas del narrador con esa adoración tierna hacia Lara, sino que también nos presenta con maestría los precedentes de los Leura y, en especial, nos permite conocer a Terto. Inclusive, el autor utiliza con astucia el recurso de bricolaje para insertar un texto en forma de historia clínica, el cual añade verosimilitud a la trama.

Toda buena historia por antonomasia también suele nutrirse de buenos personajes y “La maladreja” no es la excepción. En relación con la cita teleológica de Roberto Juarroz, es probable que la historia intenta responder negativamente a la pregunta del bibliotecólogo argentino, puesto que el viaje de Lara hasta los brazos de su padre es un reflejo de su oposición a “una vida nada más que para morir”, aun si eso implica tener que navegar aguas desconocidas. De igual manera, el amor de Lara por su padre, pese a todos sus defectos, demuestra una suerte de antítesis a los “amores solo para el olvido”, dado que ella lo quiere a pesar de todo, abrazando su imperfección. Por esto mismo, la profundidad de estos personajes radica en sus matices. Somos capaces de sentir compasión por Terto cuando los Purcica lo humillan en su propio hogar y, al mismo tiempo, espantarnos por su matanza de las crías de la comadreja.

A fin de cuentas, fue un acierto que Marcelo haya elegido este cuento para darle título a su obra completa. Además de que utiliza al agua como un sutil simbolismo, es un texto que equilibra personajes entrañables con observaciones agudas, y anécdotas desopilantes con humor ingenioso y un subtexto sobre el amor y la valentía. Una hazaña literaria.

Las Uvas Verdes: Excelente
El caso de “Las Uvas Verdes” debe ser el más particular de todos los cuentos de esta obra, pues, en la primera lectura, no logré desentrañar el significado de la historia y, tal vez porque solemos tener un afán por sobrestimar nuestra capacidad comprensiva, la llegué a considerar críptica.

Sin embargo, cambié radicalmente de opinión con la segunda visita. El principal motivo fue, aunque parezca ridículo, mi ignorancia léxica. Cuando me adentré por primera vez en este relato, no sabía que “parra” se refería a “[la] vid, y en especial la que está levantada artificialmente”, al igual que desconocía que una pérgola es un armazón para sostener una planta. Y ahí es donde me di cuenta: “Claro, se refiere a las uvas”. Después arribé a otra conclusión: “¡¿Cómo no me di cuenta?!: la corbata que aprieta le el cuello al nene se mimetiza con la soga que le aprieta el cuello al hombre que se ahorcó, significa que son la misma persona”.

Esta importante epifanía me permitió apreciar la excelencia de este microrrelato, en el que la combinación de todos los elementos va forjando una tragedia sobre un hombre que decide privarse de la vida y, debido a su agonía, rememora un hecho traumático de su infancia. Nuevamente la utilización del tiempo narrativo hace que todo funcione en armonía. Siguiendo una estructura circular, el final hace una clara alusión al principio, ya que en las primeras líneas se describe cómo la parra exterior tiñe el salón de un “acuoso color verde” desde una ventana y después nos enteramos que ese mismo escenario es que el hombre elige como cadalso.

En el interín, Marcelo va dejando en las esquinas de cada página indicios sobre el rumbo último de los sucesos: el narrador exterioriza su deseo de disfrutar el día en perpetuidad, compara el amontonamiento de la multitud con un reloj de arena y el tironeo de la escafandra con aquel de la corbata. Estas referencias a la finitud de la vida, el paso del tiempo y el estertor, respectivamente, no solo están bien escondidas, sino que también se integran con la perspectiva cándida del Lisandro niño. En cuanto a esto último, precisamente, lo que consigue el autor es mezclar la fragilidad infantil con la imprecisión de la memoria, puesto que los párrafos están dotados de un tono onírico y ensoñado. Por un lado, teniendo en cuenta la realidad diegética, esto refleja el verdadero significado de la frase “antes de morir uno vuelve a ser niño”: el estado agonizante de Lisandro activa un instinto dopaminérgico en su interior que evoca vagas memorias de su niñez en las que se hay señales de fantasía y delirio. Por el otro, desde un análisis exógeno, Marcelo construye una focalización interna del yo niño que contrasta maravillosamente con el trasfondo trágico de la historia, lo cual le permite jugar con las expectativas del lector y sorprenderlo con el final.

No me quedan más que elogios para “Las uvas verdes”. Es un cuento brillante que recuerda a lo mejor de la concisión narrativa de Ernest Hemingway y al carácter alegórico de “Stay”, gran película de Marc Forster.

La Graduada: Bueno
“La graduada” es el primer cuento de la selección cuya línea temporal tiene un progreso natural y también uno de esos con los que uno desarrolla una simpatía natural motivada por la cercanía con lo que ocurre. Habiendo sido alumno de Marcelo, resulta curioso leer su epopeya sobre una joven rosarina y su deseo imperioso de recibirse después de tanto esfuerzo. Estoy seguro de que todo profesor del nivel superior o universitario ha vivido este tipo de experiencias múltiples veces y me parece un gesto muy noble inmortalizar esas vivencias en un relato. Dicho esto, me pregunto si será casualidad lo del aula 18…

Una virtud muy interesante de la narración es que se abastece de un matiz anecdótico, pero también heroico, puesto que todo se cuenta en el marco de una anécdota familiar, pero se embadurna de una solemnidad donairosa que hasta nos deja una intertextualidad con Don Quijote y Sancho Panza. Sumado a esto, como ocurre con otros cuentos, el autor compone una prosa atrapante, lírica y que abunda en observaciones incisivas sobre la vida cotidiana. Las descripciones abarcan desde los cinco minutos de descanso en los que uno sueña que ha dormido toda la noche hasta referencias precisas a la Plaza San Martín y las escalinatas de la Facultad de Derecho. Lo sensorial cobra vida con cada fragmento.

A su vez, un mérito destacable del relato es que, pese a que abarca un pequeño tramo de la vida de Paula Alasoro, logramos conocer algunos aspectos íntimos sobre ella, tales como la relación que tiene con su padre, su personalidad ambivertida y, sobre todo, su coraje. Gracias a que hay lugar para usar la elipsis, el estilo “slice of life” favorece la fluidez de narraciones acerca de eventos significativos, como en este caso una graduación.

En otro apartado, si tuviese que desembrollar aquellos componentes de la historia que me gustaría haber visto brillar con un mayor esplendor, haría mención de dos cuestiones. La primera se vincula con el camino esperable que emprende la trama. A diferencia de la mayoría de títulos del compendio, en “La graduada” lo que uno lee coincide exactamente con lo que va desvelando el texto, basta una sola lectura para desentrañarlo. Esto significa que no hay elementos que conduzcan el tren hacia túneles oscuros, lo que equivale a situaciones inesperadas o sentidos subyacentes.

La segunda cuestión, en una nota más quisquillosa, concierne un momento clave: el examen de Paula. Si bien aún aparece ese tono majestuoso que le concede un carácter dramático a la escena, no se puntualizan con detenimiento aquellas falencias, estrategias retóricas o productos de la intuición que caracterizan el desempeño de Paula. En comparación con otros encabezados en los que se incluían conceptos tanto de la física, la política y la geografía (“La máquina de reparar los días”), como de la literatura y la gramática normativa (“Vacaciones en Normandiva”), en este cuento se opta por no entrar en detalles, lo cual se entiende, pues la extensión se hubiese dilatado; no obstante, tal inclusión de nociones jurídicas hubiese, a cambio, brindado todavía más verosimilitud al argumento.

Al margen de estas potenciales mejorías, “La graduada” es un viaje disfrutable, emocionalmente cercano y que rinde tributo a la cumbre de la vida estudiantil.

[1/6]
Profile Image for Pitu.
5 reviews1 follower
February 16, 2026
Me hizo sentir tanto el libro y hay tantas cosas cotidianas que me hicieron sentir cómoda
-Acaso Mario le estaba implorando por las noches a la Reina Batata para que viniera a rescatarme en su plato de plata. Acaso escaparía yo a lomo de la tortuga Manuelita.
Vacaciones en Normandiva 💝
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