Lo que para Polo parecía un verano más estudiando inglés, para Marcos lo es todo. Ambos provienen de mundos opuestos, pero eso no impide que entre ellos nazca una de esas amistades que dejan huella. Tienen diecisiete años y comparten el sueño de escapar, la ilusión ante un futuro que aún pueden cambiar y el miedo a lo que les espera cuando vuelvan a casa.
Madrid, diecisiete años después
Ya no queda rastro de esa amistad, ni de las personas que se prometieron ser. Marcos ahora es periodista, lleva una vida gris y tiene miedo de avanzar. Polo triunfa en el mundo de los negocios, es un inconformista y le aterra quedarse quieto. Cuando una oportunidad laboral consigue que sus caminos vuelvan a cruzarse en Madrid, no tardan en aflorar las dudas, las ilusiones y los miedos que marcaron su juventud.
¿Qué pasó con el futuro que soñaron?
¿Están a tiempo de hacerlo realidad?
¿Se puede recuperar una amistad entre dos personas que ya no se reconocen?
«Alfonso Muñoz conforma un retrato profundamente realista y emocionante de la vida, donde el costumbrismo se entrelaza con la nostalgia para mostrar que crecer y hacerse adulto implica reconciliarse con los sueños de la juventud, con lo que fuimos y con lo que aún buscamos ser. Con una sensibilidad única, ilustra cómo la rutina, la familia y las amistades se transforman al explorar el paso del tiempo y los vínculos que nunca estuvieron destinados a apagarse». —ISABELLE PARRISH, autora de El eco del olvido
«Una novela sobre las idas y vueltas de la vida, sobre los sueños que nos dejan huella y sobre las decisiones que marcan nuestro futuro. Marcos y Polo son dos personajes que me acompañarán durante mucho tiempo». —PAULA GALLEGO, autora de Tu nombre a medianoche
«Hay lecturas tan necesarias que nos devuelven al camino cuando las ilusiones se desvanecen o se rompen, cuando olvidamos la importancia de la amistad. Lecturas que nos recuerdan lo verdaderamente cumplir lo que nos prometimos. Dos adolescentes con un sueño. Dos adultos buscando respuestas… sin saber si queremos volver a la senda». —JOSÉ LUIS ROMERO, autor de Querido librero
Me parece increíble que haya tenido la suerte de leerme este libro antes de que haya salido. De nuevo agradecerle a Stefano Books por contar conmigo. Obviamente haré una reseña en condiciones porque este libro creo que cinco estrellas se quedan cortas. Es muy bonito pero sobre todo si tuviese que describirlo con una palabra sería “real” o “cercano”; es algo que he repetido a lo largo de las actualizaciones de lectura que he hecho, pero considero que la forma de escribir que el autor tiene es algo muy importante destacar, porque es un libro bastante narrativo y a la vez muy emotivo y este autor tiene la capacidad de engancharte y llevarte al mismo plano sentimental y personal de ambos narradores⭐️
Hay libros que llegan en el momento justo, aunque no lo sepamos hasta que empezamos a leerlos. Eso es exactamente lo que me ha pasado con Aunque fuese en otra vida, la nueva novela de Alfonso Muñoz de la que he tenido la suerte de ser #rep y leerla de forma anticipada.
Ya había conocido su pluma hace unos meses y me atrapó por esa sensibilidad tan suya a la hora de narrar lo cotidiano. Con este libro, lo he confirmado: pocas veces se escribe con tanta verdad sobre lo que significa crecer, recordar y, quizá, reconciliarse con uno mismo.
La propia sinopsis del libro ya anticipa que es una historia profundamente emocional, donde el costumbrismo se entrelaza con la nostalgia para mostrar cómo las rutinas, la familia y los sueños cambian con el paso del tiempo. Y sí: esa esencia está ahí, atravesándolo todo.
La novela nos lleva primero a Inglaterra, 2007, donde Marcos y Polo—dos chicos que vienen de mundos totalmente distintos—se conocen durante un curso de inglés. Un verano en Brighton que lo cambia todo.
Lo que para Polo parece un verano más, para Marcos es casi un salvavidas en medio del duelo por la muerte de su madre. Pero Polo pronto descubrirá que su familia perfecta se tambalea y que su vuelta no va a ser como ha sido siempre.
Una amistad que nace sin buscarlo, de esas que dejan huella y que se sostienen en sueños adolescentes, miedos compartidos y esa ilusión por un futuro que todavía parece moldeable. Yo, mientras leía esa parte, no podía evitar pensar en esos encuentros que solo la adolescencia sabe regalar: personas que llegan sin ruido, pero que se quedan para siempre en algún rincón del corazón.
La otra línea temporal nos sitúa casi dos décadas después, cuando ese “para siempre” que se prometieron parece completamente roto. Marcos lleva una vida casi triste como periodista, atrapado entre el miedo a avanzar, la inercia y la superviviencia; Polo, en cambio, triunfa en los negocios, siempre inquieto, siempre buscando algo que no termina de encontrar.
Y aun así, cuando se cruzan de nuevo, todo vuelve: dudas, ilusiones, recuerdos y ese vértigo que da mirar atrás y preguntarse qué pasó con aquello con lo que soñaban, ¿dónde están el Marcos y el Polo de 2007? ¿Cuántos sueños han conseguido?.
Mientras leía esta parte, me descubrí reflexionando también sobre los míos: los que cumplí, los que dejé en pausa y los que ya ni recordaba haber tenido.
Para mí, esta no es una historia de amor. Es algo todavía más difícil de nombrar: es la historia de dos almas que se reconocen antes de entenderse.
Ese tipo de vínculo que llega cuando más lo necesitas, que te cambia sin querer y que sigue ahí aunque pasen años sin contacto.
Y me ha gustado ver reflejado en la propia información editorial cómo la novela se define como un viaje emocional donde los personajes deben reconciliarse con quienes fueron y con quienes quieren ser ahora. Eso se siente en cada página. Y resuena.
Al cerrar el libro, me quedó esa sensación cálida de nostalgia y esperanza mezcladas. Esa punzada dulce que dejan las historias que hablan de lo verdaderamente importante: los vínculos que nos sostienen, los sueños que nos construyeron y la posibilidad —siempre a tiempo— de empezar de nuevo. Confieso que con el epílogo se me escaparon algunas lagrimillas.
Es un libro que me ha hecho sonreír, que me ha invitado a mirar hacia atrás sin miedo y que me ha dejado el corazón blandito.
He podido leer este libro antes de su publicación, gracias al Rep Search realizado por Stefano Books. Ha sido un placer porque había leído otras obras del autor y me habían gustado mucho.
En primer lugar, la presentación de los dos protagonistas así como de las dos líneas temporales que se desarrollan en el libro, tiene lugar de forma rápida y dinámica. No hay paja innecesaria o subtramas que pretendan sumar páginas a un libro por amor al arte, lo cual permite al lector situarse cronológicamente e ir descubriendo a los personajes de forma paulatina.
Tanto las ambientaciones como los momentos temporales del desarrollo de la trama me han gustado, una mezcla millenial y nostálgica a la que siempre diré que sí.
Uno de los puntos clave que el autor tiene, a mi parecer, es el retrato realista de personajes, realidades, circunstancias y emociones. No edulcora la realidad de los personajes, les permite transitar por las emociones, ni pretende crear personajes blancos que encanten al lector porque carecen de cualquier matiz.
En este caso, se retrata una diferencia de clases que influye de forma directa en la forma de vivir y pensar de los dos protagonistas, siendo antagónica, porque sus circunstancias y su experiencia vital también lo son. También retrata la seguridad que el entorno familiar ofrece, el duelo, la madurez anticipada, el abandono de los sueños pro cumplir expectativas ajenas, el abuso de las grandes empresas ante los trabajadores jóvenes, la precariedad de muchos sectores...
Trata estos temas, entre muchos otros, sin pretensiones, con el dinamismo de su pluma y en los momentos de la trama en los que los propios personajes muestran sus vulnerabilidades, su evolución o los traumas que arrastran desde hace lustros.
Hay una reflexión que se ha quedado conmigo tras la lectura; ¿cuántas veces el vertiginoso ritmo de la vida nos separa de personas que nos complementan con lo difícil que es encontrarlas?
Además, hay un capítulo, que trata sobre Manuel (ya le conoceréis), que me ha emocionado en especial. Es un retrato puro y realista de la opresión de emociones, del vacío no expresado que termina por devorar las entrañas, la realidad profesional de muchas personas, y la demostración de cómo se perpetúa la idea de que pedir ayuda es una vulnerabilidad y ser vulnerable un defecto.
Ha sido un libro que he devorado y con cuyo fin he sentido pena porque no seguiré conociendo a esos personajes y su futuro.
Es un libro con sabor a anhelo y nostalgia tan real que puede llegar a doler.
Esta es la historia de Marcos y Polo, aquí y allí, antes y ahora. Dos adolescentes con problemas familiares, de distintas clases sociales, con aspiraciones ligeramente similares, se conocen un verano en Inglaterra. Y después de unos meses maravillosos, no vuelven a verse (ni a comunicarse) hasta que son adultos y se encuentran por casualidad. Tengo la sensación de que en la actualidad, la vida ha avanzado sin ellos. Sus conflictos de origen resultan ser los mismos con pequeñas modificaciones. La familia es un gran obstáculo para ambos en diferentes sentidos y, aunque han avanzado, tienen personas nuevas en su vida, trabajos con los que de jóvenes jamás se habrían conformado, tengo la sensación de que siguen completamente estancados.
Este libro se nutre mucho de un claro mensaje de motivación hacia el lector. Persigue tu sueño, hazlo, salta, si no ahora ¿cuándo? Y está muy bien, dando por supuesto que todos tenemos esa parte de nosotros que siempre temió dar algún paso en falso y prefirió quedarse cómodamente en su zona de confort. Una zona de confort que el libro demoniza, ya que Marcos estaba “conforme” con su trabajo, no buscaba más, no necesitaba más (hasta que llegó Polo y una serie de cambios en su empresa), pero a mí es que no me parece tan terrible. Si lo extrapolamos a la vida real, irte de un trabajo estable y remunerado en el que estás cómodo, no me parece una gran idea, pero bueno.
El libro está muy bien escrito, es entretenido. Capítulos de duración media que no se hacen nada pesados, al menos hasta que ya ha dejado claro el frente de cada uno de los protagonistas y empieza a dar vueltas a su alrededor porque, sinceramente, no tiene nada más. La resolución de por qué dejaron de hablarse aquel verano en Inglaterra el último día me ha parecido un poco absurda.