Candela es una joven que llega al Gran Hotel del balneario de Mondariz en 1920, en pleno auge de este fascinante lugar donde la aristocracia, políticos, artistas y grandes fortunas convergen para “tomar las aguas”.
Desde su llegada, Candela se ve envuelta en la dinámica interna del balneario, un espacio regido por normas estrictas, jerarquías laborales y secretos cuidadosamente ocultos. La convivencia diaria con huéspedes influyentes y compañeros de trabajo va revelando tensiones y rivalidades. Todo se complica cuando reaparece Ignacio, un amor del pasado cuya presencia reabre heridas emocionales y despierta dudas sobre las elecciones que Candela ha tomado con Grabriel, un hombre cercano que le ofrece estabilidad y un futuro distinto.
A medida que avanza la historia, surgen hechos inquietantes que rompen la calma del balneario: comportamientos sospechosos, silencios incómodos y sucesos que apuntan a una red de engaños más profunda. Candela, casi sin proponérselo, se convierte en testigo y pieza clave de una intriga criminal que amenaza con salir a la superficie.
Un libro que me ha gustado por su trama y los personajes, pero al que tarda en arrancar con esos hechos inquietantes que antes mencioné. Laura describe el entorno del balneario a la perfección haciendo que creas estar allí mismo, y eso es lo que ha hecho que la primera parte del libro sintiese que no avanzaba, pero una vez que entra de lleno en la trama de la intriga criminal no puedes parar de leer.
En conclusión, El palacio del agua deja la sensación de que nada puede quedarse oculto para siempre. El balneario, que al principio parece un lugar tranquilo y elegante, termina mostrando su lado más oscuro, y todos los personajes se ven obligados a enfrentarse a la verdad, les guste o no. Los secretos salen a la superficie igual que el agua que recorre todo el edificio.
3.75/5