«Caminaba junto a mi sombra negra, alargada y cínica al crepúsculo».
Auspiciado por las formas clásicas de la poesía como el soneto o la canción, Olvidados, los dioses explora problemáticas como la irrupción del terror, la vida en la calle, el amor a la literatura, la presencia de lo sobrenatural en lo cotidiano o la sensación de lo sublime cósmico. Partiendo de lo minúsculo, de lo terrible, de la filosofía e incluso de lo más inocente, este libro propone un viaje a lomos de sonetos encabalgados, flexibilidad métrica y ritmo musical que anuncian el ocaso y el olvido, pero que también reclaman el triunfo de la voz humana.
Como admirador de la poesía sin habilidad ninguna para hacerla mía he decidido reseñar este libro con la humildad como bandera y mis sensaciones como escudo (y tal vez espada). Se trata este de un poemario de corte más clásico que otros del autor, una epopeya silenciosa sobre la cotidianidad, sobre esas deidades que nos olvidaron y como este mundo ha quedado al desamparo de la existencia. Con melancolía y silencio Franky arremete contra nosotros y nos recuerda que es el mejor escritor de la lengua española.