«La búsqueda de una comunidad natural pura (ya sea atendiendo a baremos culturales, étnicos, histórico-lingüísticos o de otro tipo) está abocada al fracaso mientras exista el amor. Mientras las personas no pierdan la capacidad de sentirse atraídas por otras que pueden provenir de lugares muy distantes, con lenguas, culturas y procedencias variadas, la búsqueda de un tal pueblo homogéneo nunca podrá ser orgánica (...). La idea restrictiva de pueblo requiere de una homogeneización incompatible con la democracia.» (pp. 110-111).
Esta es solo una de las ideas (mi favorita) que el autor defiende en su Elogio a Clístenes, el legislador ateniense promotor de la democracia a finales del siglo VI a. C.
Un ensayo muy lúcido, con una prosa didáctica al alcance de todos los públicos, que nos invita a reflexionar sobre el origen y el horizonte del sistema democrático basado en la isonomía y en la mezcla.