Dos hermanas comparten unas vacaciones en una villa Florencia viaja con sus tres hijos mientras que Mariana, recientemente separada, intenta reorganizarse de este lado del océano después de varios años en Madrid. La convivencia junto al mar parece ser una buena idea pero las que se encuentran no son las mujeres que creyeron ser y lo cotidiano entre ellas pronto se volverá extraño, denso, agobiante, como el clima de la pequeña villa marítima. ¿Qué puntos de fuga encontrarán estos personajes para sobrevivir en el progresivo desmoronamiento de sus mundos? Con una prosa constante, monolítica pero fluida a la vez, Hospital de muñecos pareciera detenerse en un tiempo preciso; en las vísperas de un cambio íntimo y también colectivo, sosteniendo a sus personajes en el vaivén incómodo entre la resistencia y la renovación. Cuando lo sólido y lo fijo estalle por los aires con la furia del temporal, la libertad se reducirá a una elección aferrarse con desesperación a la última tierra conocida o lanzarse, sin certezas, al abismo que la sucede.
Dos hermanas (Mariana y Florencia), luego de la separación de una de ellas (Mariana) se van de vacaciones a un pueblo costero con los hijos y el yerno de Florencia, y un tiempo compartido en familia termina exponiendo incomodidades difíciles de obviar.
Es una historia en la que podemos ver cómo Mariana relata el viaje desde dentro del grupo protagonista pero como si todo lo estuviese observando desde una cámara, como en un reality show. La foema de narrar es espléndida. Con una ajenización, frivolidad, distancia, neutralidad, decepción y resignación, Mariana nos cuenta el día a día, con detalles vívidos pero sin involucrarse en su viaje.
Con su sobrina Sofía embarazada, involucrándose sexualmente con el interés de su hermana y ante la aparición de un cadáver cercano a uno de ellos, Mariana siente tofo muy surreal y se sumerge en un absurdismo existencial conmovedor, donde podemos sentir con ella el desencanto de ver los estragos que la experiencia de vida hace en cada uno y los adultos en los que nos convertimos (tanto nosotros como los que nos rodean). Lo más interesante, es ver cómo transita la desidealización de la familia y de sí misma.
Es un libro que me gusto mucho. Cuenta la historia de dos hermanas las cuales tuvieron distintas idas y venidas en sus vidas y que comparten unas vacaciones en la playa. Es un relato que atrapa, muestra la convivencia de ellas, cuestiones del pasado, dolor, cambios…. Etc Mariana se replantea cambios y Florencia la vida la sorprende día a día….. Cuando lo leía me imaginaba las distintas escenas. Algunas eran cómicas otras no tanto. Es muy descriptivo tanto de paisajes como voces internas de sus personajes. Me gusto mucho!! Lo recomiendo!!!
Es un libro que te lleva a entender que todos vivimos un presente con diferentes realidades, que los problemas no se van aunque te vayas de un lugar a otro y que al final los que siempre han estado seguirán ahí. Una lectura un poco repetitiva aunque posee abundantes descripciones en las que puedes imaginar lo que sucede a detalle. Buena lectura contemporánea en general.