Un viaje íntimo y vertiginoso en búsqueda del amor y del sentido en las heridas del pasado
La narradora innominada y migrante de esta novela se embarca en una autoexploración acerca de la vida secreta de su corazón, en sentido literal y figurado. Nacida con un soplo, causa de una serie de operaciones de alta complejidad, sobreviviente y con cicatrices, deja Buenos Aires para estudiar en Barcelona, ciudad en la que se enraíza laboriosamente. Las amistades y los amores fluyen sin demasiadas complicaciones hasta que se enreda con Alonso, un hombre casado en una relación abierta. Lo que a primera vista parecía un gri-to de libertad poco a poco se parece más a una trampa de la que será difícil –y doloroso– salir.
Con una escritura reflexiva y sensual, Sofía Balbuena explora en esta novela las luces y las sombras de los vínculos sexoafectivos. En un mundo en el que todo es nuevo y difuso, la condición de extranjera habilita para la protagonista de Sutura un territorio de posibilidades imprevistas y alejadas de cualquier mandato, en el que el dolor y la felicidad, la tristeza y la alegría van de la mano y no dan respiro.
"A medio camino entre la carta y la confesión, la declaración de principios y el discurso interior, Sofía Balbuena escribió con la urgencia de quien sabe que la juventud se escurre, que puede ser una ilusión y no una promesa." —Magalí Etchebarne
Lin o libro de Sofía quebrado, entre metro e bus, cun ruido de fondo constante. Sentín que, para min, era a forma de lelo, a forma máxima de encaixar eu tamén dentro do libro. Podo dicir, de forma moi pouco orixinal, que a súa escrita é coma un coitelo, un bisturí, todo ben afiado e que, a través da liña de sutura, imos coñecendo a un ti, que é un eu, que se dirixe a un ti e acaba nun vós. Se nunha operación o diálogo entre o cirurxián e o paciente é case sempre imposible, en Sutura é constante e, como lectores, somos os residentes que observan dende fora a operación. E eu, dende fora tomo notas, dobro esquinas e sinto atento como tamén late o meu corazón
Notita sobre la precisión: Hace un tiempo escuché a Samanta Schweblin contar cómo iniciaba sus textos. No buscaba una trama, definía una emoción que quisiera causar y armaba las palabras en torno a ella, decía. Me recordaba esto leyendo a Sofía. La precisión en lo que cuenta es mucha. Varias veces me estremecí en la descripción de situaciones que llevaban a sentimientos muy concretos. No es fácil que ocurra eso o, a mí al menos, no me ocurre con tanta frecuencia.
Notita sobre la estructura: Es un libro sobre ser migrante, y no es épico ni triunfalista. Sigue una estructura de antes y después del viaje, pero lo que cuenta de Argentina es solo su sucesión de operaciones al corazón. Podría contarnos que era exitosa, que era desdichada, que se casó y se divorció, pero solo nos enseña una debilidad medio que impuesta y muy seleccionada para contextualizarnos a partir de ahí su vida en Barcelona. Esto es interesantísimo porque te fuerza a leer a la protagonista desde lo íntimo y no desde lo social, la migración ya no es sistémica. Tengo que pensar un poco más sobre esto, pero un libro magnífico.
“Terminé llorando por un tipo, como todas” afirma la protagonista de esta novela, con fina ironía, como si todo lo que nos ha contado, en parte, no tuviera nada de extraordinario. Sin embargo, esta inteligente narradora, cosida literal y metafóricamente, aprovecha su herida en el pecho para decirnos que lo que puede volver a sangrar no solo compromete a su corazón, lo inquietante, además de la enfermedad, es que aflore la precariedad, el desamor, la inestabilidad y el miedo de haber elegido una profesión que no le va a dar más facilidades pero que, sin duda, hará muy felices a sus lectores. En fin, esas heridas que nunca terminar de cerrar.
No me podía creer tanto sufrimiento por un güey que no le daba ni la vida ni la querencia para amar siquiera a otra persona y esta morra que se quiere matar casi por él... Ni lo conozco y me parece el tipo más funeke del mundo. Qué es lo que le ven a este tipo de hombres, por amor a la vida... Quejas aparte, encontré que la historia era a veces tan de adolescente que se echa a perder a posta porque no sabe hacia dónde ir (o si es que quiere ir a otro lado que no sea dentro de ella misma), y otras veces, me parecía que estaba leyendo entradas de mi diario de universitaria (años de los que no me quejo, en verdad). No sé si leer algo más de la autora, aunque hubo entradas que me llegaron al alma. otra queja: cualquier pelotudo o pelotuda que te deje sola en un aborto no merece que le llores ni una lágrima.
Cuando leí Doce pasos hacia mí, lo compré sin saber que con Sofía habíamos nacido en el mismo pueblito del interior de la provincia de Buenos Aires, me gustó su escritura, me pareció valiente escribir así conociendo el pueblito del interior de la provincia de Buenos Aires. Ayer leí de tirón Sutura y me pareció más valiente. Me enganchó desde la primer página, me cortó la respiración varias veces. Me acompañó un domingo triste. Me recordó lo importante que son las amigas cuando uno está triste.
Este libro me resultó un abrazo a la amistad, con sus momentos de complicidad y lealtad pero también con los celos, las dudas y la tristeza de sentirse traicionada. Para leerlo en una o dos sentadas y para pensarlo durante días.
Esta lindo escrito. Empecé a leerlo pensando que iba a encontrarme un libro sobre la amistad (no sé de dónde saqué esta espectativa) y me pareció que era un libro sobre un tipo. igual está bien
No se si fue en la charla o mientras leía el libro, pero me sentí inspirada. Como si transmitiera la pasión a través de lo implícito. Hubieron momentos donde me sentí identificada, es lindo saber que una no está sola y que todas las historias pueden no tener un final o incluso un lugar fijo. No hay historia más real que la vivencia del otro.
Lo empecé con mucho entusiasmo y me enganché mucho pero conforme avanzó lo fui perdiendo. Es evidente que está contando su propia historia y nadie es quién para juzgar los amores y vidas de otros. Sin embargo, y no lo digo de superada sino por verme reflejada en ella justamente, él es un egoísta que da lo que quiere, cómo y cuándo quiere y le queda cómodo y ella lo justifica. Usa una vara más dura para medir a la amiga que a él que es un forro, aunque le pida disculpas.