Es una nueva novela histórica con un exhaustivo trabajo de investigación que garantiza el verismo y el historicismo más exacto posible. Por ejemplo, Da Vinci es recreado de forma sutil según sus trabajos. Sin embargo, como obra literaria no acaba de enganchar, los conflictos que se plantean no se aprovechan y llega a resultar monótona en ciertos momentos. Considero que un narrador en tercera persona de focalización pluripersonal podría desarrollar mucho mejor los conflictos, en especial los asesinatos relacionados con el conflicto entre los cátaros, defensores de una Iglesia heredera de Juan Bautista, y los católicos.
A lo largo de tres crímenes orquestados por el Agorero para acabar con los cátaros, el protagonista se introduce en las señales paganas que esconde Santa Maria delle Grazie, descubriendo los secretos de La Última Cena, de Da Vinci, así como se esbozan aquellos que se refugian en La Maestá. Finalmente, el propio narrador homodiegético evoluciona y deja atrás su posición como inquisidor para respaldar la postura de los cátaros con el deseo de descubrir los evangelios que reflejan los secretos que Jesucristo le desveló a María Magdalena y el apóstol san Juan.
“Todo en la naturaleza guarda algún misterio. La aves nos ocultan las claves de su vuelo, el porqué de su extraordinaria fuerza. Y si lográsemos que la pintura fuera un reflejo de esa naturaleza. ¿No sería justo incorporar en ella esa misma y enorme capacidad para custodiar información?”
Como anécdota, me ha llamado mucho la atención la información relativa a los palacios de memoria.