¿Acaso hay algo más falso que esto? ¿Será la máscara? ¿Querrá que me haga el escritor estructurado, obsesivo, maniático, en contra de la inspiración, en contra de la seriedad, que no es más que otro tipo de seriedad?
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Un estudiante puertorriqueño en Madrid termina su maestría en literatura y, aislado en su apartamento, comienza un experimento: pasará una semana encerrado, sin encender luz alguna, acompañado solo por sus lecturas, sus ansiedades, el diario en el que lo registrará todo, y la máscara de un luchador mexicano.
La máscara del santo es muchas cosas a la vez: experimento narrativo, novela de crecimiento, cuaderno de lecturas, y diario de escritura. Pero, más que nada, es el despliegue de una novísima voz puertorriqueña que no teme desnudarse, un arriesgado ejercicio de reflexión que apuesta por la capacidad que tiene la literatura de iluminar el presente y los recovecos más oscuros de nuestra personalidad.
Yo había leído a Daniel Rosa Hunter hace unos años, cuando estaba de estudiante en Madrid. Su primer poemario me pareció bastante “ok” — interesante pero no me marcó, y lo dejé pasar. Fast forward a la semana pasada: un amigo que conocí me llevó a Bajo un árbol de carambola (Santurce), y allí me topé con su nuevo libro. El título, La máscara del santo, me atrapó al instante. No leí ni la contraportada — simplemente lo compré.
Hoy lo terminé, y de verdad que me encantó. Es un libro extraño, íntimo, experimental… y eso mismo es lo que lo hace tan especial. No es una lectura para encontrar respuestas, sino para perderse en el juego entre la escritura y el yo. Pareciera un diario ficticio —o al menos eso nos quiere hacer creer Rosa Hunter— donde se borra la línea entre autor y personaje, entre lo vivido y lo inventado.
En fin, me encantó. Subrayé un montón. Es de esos libritos que no hacen ruido, pero se quedan contigo.