Tres estrellas porque el debate al que hace referencia el libro no está completo. Es sólo una pequeña muestra del debate que se dio en el año 2000 entre el entonces cardenal y teólogo Joseph Ratzinger y el filósofo ateo Paolo Flores D'Arcais. El resto del libro constituyen dos textos, uno de Ratzinger y otro de Flores, los cuales están en franco desequilibrio, tanto temático como de tamaño. Se nota la balanza inclinada hacia el filósofo ateo, pues su texto es en realidad varios textos sobre filosofía que tratan sobre la postura de algunos filósofos cruciales en el pensamiento occidental moderno y contemporáneo, y la base teológica de la religión católica sobre la verdad, la existencia, el ser, lo cual Flores contrasta desde la filosofía en temas como la finitud de la existencia, la sinrazón de esa existencia y la idea de que es el ser humano quien debe dar el sentido a todo y no un ser superior. Este texto es el más largo en extensión del libro, mientras que el de Ratzinger, que trata sobre la crisis de la fe en occidente de entrada al nuevo milenio, es mucho más corto y no presenta ninguna oportunidad de debatir teológica y filosóficamente al texto de Flores, que es el que cierra el libro y, con ello, espacialmente termina haciéndose con la última palabra, por lo tanto, con la pretensión de la verdad, esa pretensión que tanto critica al catolicismo, pero a la que él mismo recurre e incurre.
Por otro lado, es interesante el tratamiento del tema del new age, las religiones orientales y de la India como el budismo y el hinduismo, tan en boga desde la entrada del nuevo milenio. No obstante, lo interesante de todo esto y el motivo por el que quise leer este libro no está: el debate. Así que lo busqué en Youtube y lo vi pero en Italiano y con subtítulos en inglés, lo cual no facilitó mucho la empresa. En este debate, no podría determinar un ganador, pues frente a una audiencia no creyente o atea en su mayoría, las palabras de Ratzinger podrían no alcanzar la relevancia de lo que contienen sus ideas, sin embargo, se llevó varios aplausos, aunque a Flores le llovían las ovaciones en cada intervención, no obstante, creo que en este caso la balanza, a mi criterio, estuvo más del lado de Ratzinger, puesto que se limitó casi a exponer sus ideas basadas en la teología católica y en la observación de la realidad contemporánea, mientras que la postura de Flores era un franco ataque, lo cual representa perfectamente la posición del pensamiento contemporáneo frente a la Iglesia católica. Pero, como leí en una entrevista a los autores de otro libro: una cosa es creer en la existencia de Dios y otra es tener fe en Dios. Me quedo con esta idea muy profunda en la que poco reparamos en la actualidad, y que tiene todo que ver con el debate entre Ratzinger y Flores. Para Flores, el problema es que el católico quiere convencer a otros de su verdad, mientras que al ateo no le interesa convencer a nadie de su verdad ni que nadie pierda la fe, y que ese es el mayor error de la Iglesia, sin embargo, durante todo el debate, más bien el ateo fue quien quiso convencer a todos de tener la verdad y la razón de su lado, cuestionando el origen del cristianismo como "la religión de la razón", que es una idea teológica defendida por Ratzinger y muchos teólogos desde Tomás de Aquino, (pues entre otras cosas el verbo es el logos, la encarnación es Dios manifestándose en el hombre a través de la razón) mientras que para Flores, el cristianismo es la religión de la locura y la sinrazón, basándose en una frase de San Pablo en una de sus cartas, en la que dice que "la fe es escándalo". Esto, refiriéndose sobre todo a la encarnación y más específicamente a la resurrección, ya que en el tiempo en el que San Pablo predicaba en el templo, cuando habló de la resurrección, muchos de los que le escuchaban, saduceos y fariseos entre ellos, abandonaban el templo al escuchar aquello pues creían que era una locura. "La locura de la cruz". Con este argumento Flores invalida al catolicismo, mientras que Ratzinger sostiene que desde la misma creación del hombre, según la tradición judeocristiana, Dios dotó al hombre de la razón, y de ahí el libre albedrío y el problema del bien y del mal. Y porque, según la teología católica, es a través de la razón humana que Dios llega al hombre, por el verbo, y luego se encarna en Cristo, el verbo encarnado, porque es la única vía de llegar a la razón humana, ya que la razón divina es inentendible, inabarcable e inaccesible a la razón humana. Creo que esta es la base y la idea más importante del debate.