Adolf Muschg es un conocido y prestigiosísimo escritor suizo, autor de novelas y ensayos merecedores de premios literarios tan importantes como, entre otros muchos, el Premio Hermann Hesse (1974), el Gran Premio de Literatura de la ciudad de Zurich (1984) o el Premio Büchner de la Academia Alemana de Lengua y Literatura (1994). ¿Qué indujo a Muschg a adentrarse en el siempre complejo y oscuro mundo del erotismo y, por si fuera poco, en el desconocido y lejano Japón, del que dijo una vez el gran político inglés Winston Churchill que es «una adivinanza envuelta en un misterio envuelto en un enigma»? Por un lado, Muschg se reconoce unido al Japón «por una pasión que no lo abandona»; ya su primera novela, El verano de la liebre, por ejemplo, se desarrolla en Japón, ha escrito varios ensayos sobre este país y su tercera esposa es japonesa.
Para ser una novelita erótica escrita por un suizo y ambientada en Japón, me sorprendieron algunas reflexiones sobre el deseo, la mirada y los yakuza como institución que posiblemente use en mi clase de cultura contemporánea.
El cuidado que se descubre de pasada en la soltura con que la rubia platino libera del condón al miembro masculino, que después seca como la boquita de un niño en un picnic familiar.
Es una historia dentro de otra historia que al principio puede ser confuso, los personales no tienen nombre propio solo son llamados A. B. Y. Etc. Después conforme nos adentra la pequeña anécdota que da origen al título entendemos en parte porque era su deseo de no desnudarse y con un erotismo intrínseco en lo que se podría decir la única escena en un pequeño libro de 89 páginas con 3 capítulos. Lo recomiendo porque al final resulta ser una anécdota del autor de cómo conoció a su esposa y cómo hace la remembranza de aquella historia. Tiene uña flujo continuo, no aburre, no se hace pesado y su corta duración hace que sea una lectura de un día y sea placentero con algunas reflexiones interesantes.
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