Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941, pero pasó su infancia en Camilo Aldao, un pueblo ubicado en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Tras abandonar sus estudios de ingeniería química, trabajó en diferentes oficios en distintas provincias: fue cosechero, empleado telefónico y corrector de pruebas en un periódico. En 1976 publicó su primera novela, «Su turno para morir», y seis años después su segundo libro, «Aventuras de un novelista atonal». A partir de entonces, escribiría y publicaría un libro cada dos o tres años. La década de los noventa es considerada por críticos y lectores una clave de la producción literaria de Laiseca, pues termina de delimitar una zona de interés y donde la escritura hace cumbre: «La hija de Kheops», «La mujer en la muralla», «El jardín de las máquinas parlantes» y, sobre todo, «Los Sorias», uno de los proyectos más vastos y vigorosos de la literatura argentina.
Su obra completa es extensa y compleja: más de veinte libros en varios géneros, del cuento a la novela, pasando por el ensayo y por textos de género más híbrido. Sus ficciones, que inventan mundos singulares y apelan a la imaginación y a la desmesura, han suscitado la admiración incondicional de numerosos escritores, críticos y lectores.
Un librito de 80 páginas que dice mucho más que otros de 800. Otra pequeña gran novela (o nouvelle, o novela corta, o relato largo, como quieran llamarle) de uno de los mejores escritores de la literatura argentina. Es un libro sobre la guerra de Vietnam, no sé si existen otros libros de escritores argentinos sobre Vietnam, tampoco sé si hay muchos libros fuera de USA que trabajen sobre la hipótesis de USA como ejército débil y en desventaja, pero estoy seguro que este es uno de los textos más originales sobre la guerra. El relato describe la guerra mediante las andanzas del Teniente Lai y el Lieutenant Reese en tierras vietnamitas; el primero ha perdido a su pelotón y vaga sin rumbo fijo buscádolo, se vuelve invisible y viaja en el tiempo a épocas anteriores y posteriores a la guerra, pero siempre está en Vietnam, de hecho dice estar desde los tres años ahí. Al no encontrar a su regimiento decide pegarse al Lieutenant Reese, un oficial al que la guerra ha vuelto loco (tiene “la mirada de los mil metros) y al que no le importa morir, en consecuencia emprende misiones suicidas de las que sale vivo y gracias a ello gana algunas medallas. Las anécdotas de Reese y Lai se van intercalando y complementando con apreciaciones históricas de la guerra, ahí Laiseca es directo, abandona la narración para argumentar directamente sin los personajes como intermediarios. Tanto estas consideraciones como las que surgen de las aventuras de los dos soldados (o del soldado desdoblado), van construyendo una visión de la Guerra de Vietnam muy distinta a la versión simplista y edulcorada que ha logrado imponer el imaginario progresista en todos estos años. El ya clásico estilo irreverente y directo de Laiseca hace que la lectura sea amena y muy entretenida para cualquier tipo de lector, se lee “de un tirón” sin que ello implique la carencia de densidad narrativa e intelectual. Puede leerse como un gran chiste, como una provocación, como una ficción histórica, como una novela política o como todas esas cosas juntas. En una literatura argentina acostumbrada a 15 años de corrección política y pereza intelectual, la edición de esta nouvelle es más que saludable. Por eso tengo la impresión de que estamos ante uno de los mejores libros del año 2014. No sólo recomiendo su lectura, si no que la considero casi imprescindible.
3. Un libro de un autor que te encante y todavía no hayas leído.
"No sé qué hacer para salir de Vietnam. ¿Imaginan un chico de tres años con casco de acero, uniforme camuflado y una M16 que es más grande que él, patrullando colinas altas centrales? De aquí solo puede sacarte el amor de una mujer. Tuve muchas mujeres y a veces hasta me lo creí. Pero soy un zombie. ¿Vos sabés qué es un zombie? El que nunca pudo conseguir la felicidad. "
Laiseca se pone, a través de una operación bastante onírica, en la piel de un veterano de Vietnam. Ve la guerra con cuatro o más ojos, superpuestos, los de un alma que posee un cuerpo repleto de concepciones y vida social ajena. Es él y otro al mismo tiempo, extremando adrede esa pretensión tácita que suelen tener los relatos en primera persona.
En los meses previos a mudarme a China por casi un año, debido a circunstancias más allá de mi poder sino hubiera sido por más tiempo, vio la luz La puerta del viento. Que novela hermosa, y que para quienes seguimos y consumimos todo lo que nos brindaba y brinda el Monstruo (hoy desde el otro lado, seguro con sus puchos y una bebidilla preparada con el Ser, todo muy Mozart seguramente) entendimos que era lo que él había soñado. Su versión sobre Vietnam en primera persona. Ahora hay una reedición, pero que hermoso fue leerlo y saber que estaba leyendo ese diario apócrifo, de sueños que este admirado escritor nos regaló. Esta versión seguro es un poco más económica que Hybris, pero las otras novelitas que salen en ese volumen bien valen el precio, salvo que como yo, necesités tener los volúmenes individuales de su obra.
Otra perlita de Lai. Me hubiera encantado que la hubiera desarrollado otras 200 páginas repletas de su estilo, ambientaciones y situaciones delirantes.