5/5 estrellas
El lobizón es mi ESPOSO! Amo todas las novelas de Adriana!
El Maldito de Adriana Hartwig fue para mí un novelón que me devore en pocos días. En su momento a la autora le había comentado que Juan de Dios se merecía su historia y Adriana me dio la sorpresa de escribirla y… ¡qué continuación más bella y atrapante! La escritora correntina para mí se ha coronado como la mejor autora en escribir novelas románticas ambientadas en el interior de la Argentina porque su prosa cala hondo en rasgos tan típicos de aquí del norte argentino, del litoral, describiendo de una manera tan perfecta costumbres que algunas están vivas al día de hoy y eso a mí, me pone la piel de gallina.
El Farol del Diablo es la historia de Juan de Dios, Arasunú y de Fernanda Carnicer (apellido de la protagonista que hay aquí en mi pueblo) Ella es médica y se dedica a atender a las personas (de escasos recursos, en su mayoría) y utiliza mucho la herboristería, las hierbas naturales. No quiero entrar a describir las características de cada uno de los personajes, pero sentí que Fernanda es como un homenaje a los médicos rurales y qué lindo que la autora le haya dado la descripción de una mujer que más allá de luchar para que la sociedad correntina la acepte en la High class y se dedique a “los yuyos”.
Juan de Dios es mestizo, madre india y padre blanco, pero criado por la familia Ferrara. Las hijas mujeres son toda una diversión a la hora de leerla. Adriana me ha hecho reír con las ocurrencias de Lucía y Eloisa.
Dejaré que el lector descubra la vida y pasado de Arasunú que… ¡Madre de dios, cómo me ha enamorado! Casi tanto como “el Maldito”: Es un caballero que te derrite cuando pide: “-Quiero que seas feliz conmigo”. Quien lea la novela entenderá ya que su vida de mestizo no fue nada fácil.
Pero yo quiero ir más allá de la prosa de la autora que en cada novela se supera así misma; Quiero centrarme en descripciones que hace por ejemplo de la noche, la noche en el campo: En palabras de Yara, la empleada de Arasunú: “En el campo aun las cosas más lejanas parecen estar cerca” y ni hablar de la excelente y breve narración de la leyenda del Farol del Diablo (o la luz mala, como conocemos la mayoría). Si bien en la novela la noche de campo parece tenebrosa, da miedo, en realidad la autora describe tal cual es la oscuridad en la llanura del litoral: Algo magnifico.
También la autora me ha dejado muda cuando los personajes dicen cosas como:
“La casa empieza a despertarse —dijo la mujer—. No se preocupe. Está vieja y a veces se acomoda sobre sus pilones”.
Da ese toque de novela sombría y, como me dijo una amiga mendocina: El Farol del Diablo es “cumbres borrascosas bien criolla”.
No es necesario aclarar que la autora tiene de sobra conocimiento del contexto y la cultura correntina. Nadie mejor que ella que ha nacido allí para ser su propia fuente de documentación y, en mi opinión Adriana sabe de las propiedades de las plantas medicinales, por experiencia propia; Otras, las habrá investigado, pero se nota en su prosa, que conoce todo lo narrado, como la palma de la mano.
Descripciones como tomar mate a la sombra de la galería, con los pollos alrededor, a mí me ponen la piel de gallina porque me recuerdan mi infancia en el campo.
Pero no sólo enamora Arasunú, sino también Rafael del Valle y Marcos Cabral, éste último se merece su historia más allá de no dar una buena impresión a mis ojos femeninos de lectora. ¿Qué habrá detrás de todo eso? ¿Qué leyenda puede esconderse detrás de él?
Recomiendo que aquellas lectoras que no han leído El Farol del Diablo, lo lean porque y como ya nos tiene acostumbrada la autora, su argumento no defrauda y así descubren quienes no saben, sobre la leyenda “de la luz mala”.