La poesía de Montorfano se mueve y desarrolla en el amplio espectro del Tánatos y Eros enmarcados en los designios de una locura con sus negaciones, con sus delirios, con sus juegos: de pronto se encarna en una retahíla de versos nihilistas, se devanea en imágenes absurdas, desembarcando en las costas del descontento, del impulso por separarse definitivamente de una sociedad que a veces se encarna en la incomprensión y el ridículo, el poeta la desenmascara con visión crítica e irónica.
Sin embargo, la poética contenida en este libro prodiga y se refuerza en metáforas que impulsan los versos dándole a la voz lírica una disonancia única, el ritmo certero nos da el sentido de vértigo que ilustra una cierta manía de conducir al lector por un submundo de interpretaciones del mundo muy propio y que en conjunto con escenas triviales y contrastantes situaciones que pareciesen formar la estructura vertebral que define esta obra.
El nombre lo define una entrevista contenida en el poemario, los puntos que reafirman al poeta ante el mundo, cabe la duda, que no se tiene la certidumbre de que si esta se realizó o no, lo cierto es que es una guía práctica para entender a cabalidad el sentido de toda la línea poética. No es de sorprender la mención de dos filósofos piedra angular de una cantidad ingente de intelectuales: Nietzsche y Sartre, el primero , a mi juicio , por ese poder de convencimiento por esa capacidad seductora de su lenguaje y certero sentido de expresar el pensamiento y Sartre su existencialismo profundo y como uno de los postulados centrales es la libertad del hombre que es esencial que admite condicionamientos (en pos de socializar) pero que no admite determinismos… la impronta está en el espíritu del autor y en las líneas detrás de los versos, funcionando en sordina y a la postre esa vital y enérgica interpelación a Dios, obvio, sin respuesta.