Sebastián Pedrozo es escritor, asesor pedagógico en literatura infantil y maestro de educación primaria. Ha colaborado en diversos suplementos culturales. Empezó a publicar en el 2007, y al día de hoy lleva una veintena de libros para niños y jóvenes donde se destacan los géneros de terror/thriller y humor/aventura.
Terminé de leer “La novia del incendiario” de Sebastián Pedrozo Nota final: 3.5
La obra nos narra sobre un jovencito llamado Dante que vive en el Pinar (después pasa a decirle Pinares aunque está el autódromo y todos sabemos que es El Pinar porque ya lo dijo del principio ¿?) y que nos narrará sus peripecias en el Balneario desde que se muda Inés, la hija del doctor (el único del balneario).
Él tiene dos amigos, uno es Mateo un chico considerado medio estrafalario por sus gustos coloridos y formas de hablar y andar, y otro que es un mecánico del autódromo.
Dante además nos va a contar otras cosas: como que los perros y algunos gatos están siendo envenenados cuando no desaparecen; que le gusta el fuego como medio de liberación de ansiedades, miedos y mismo estrés; y que poco a poco se va enamorando de esta chica, Inés, pero que ella tiene un novio que parece un bestia, llamado Pablo.
Mucha gente se está mudando al balneario, porque es lindo y queda cerca de la capital; pero el balneario tiene algunos misterios sin resolver con gente extraña desde hace mucho tiempo, gente que vive en el monte grande.
El libro en si al comienzo se me hizo difícil de seguir, tenía cambios abruptos de tiempo y lugares, más algunos detalles que quizás escaparon a los ojos correctores, pero luego se siente que uno se va adentrando en la atmósfera y llega a engancharse con mucha facilidad en la historia.
Lo mejor de todo el libro sin lugar a dudas son: - El desarrollo de Dante, como pasa del muchacho embobado a algo más interesante, más avispado (dentro de lo normal), y que con los diarios que se nos intercalan en los capítulos uno va comprendiéndolo mucho mejor. - Lo otro que me gustó mucho fue la propuesta del misterio, de la gente del monte, venía medio que a paso cansino con el relato hasta la primera aparición de esos seres en un momento que realmente te llenaba de adrenalina con el relato.
Quizás donde el libro quizás peque es en quedarse corto con la aparición de algún personaje que la verdad, me pregunté si era necesario ponerlo y sacarlo tan abruptamente, ¿tuvo su aporte? Como distractor, como suavizante de una turbulencia, puede ser ¿pero realmente era necesario? Quién sabe.
Había leído algunas reseñas y me había hecho otra imagen del libro, pero creo que fue una lectura bastante entretenida, y me gustó el mensaje de que son malos los extremistas.
Reencontrarme de nuevo con esta historia ha sido un camino distinto. Si bien la novela presenta unos pocos fallos, tiene una riqueza muy amplia en cuanto al desarrollo y crecimiento personal del personaje principal. Además de que hay personajes secundarios que son muy ricos y que estaría bueno que se pudieran desarrollar más. A fin de cuentas, esta vez pude disfrutarla y analizarla con otros ojos.
Sinceramente, no creí que el libro fuera a atraparme como lo hizo. Me pareció super interesante, sobre todo porque con la vaguedad de la historia, uno no sabía muy bien cómo iba a encaminarse. Los diálogos son muy coloquiales, quizás demasiado para mi gusto; pero la narrativa está bien hecha. Salvo por la prisa del final, no tengo nada qué reprocharle al libro. Me hubiese gustado tener unas páginas más para leer, y explayarme. De todas formas, es una lectura rápida muy recomendable.
Muchos sentimientos encontrados. No puedo decir que no me haya gustado, no puedo asegurar que me haya gustado. No puedo catalogarlo de raro, no puedo decir que sea de regla. Es una historia. Solo eso. ¿Vale la pena leerla? No lo sé. Solo sé que no causa pena leerla. No sé si me deja algo, seguramente sí, quizás aún no pueda verlo.
La prosa es muy buena, no es como si Pedrozo necesite que yo se lo diga. Pero no sé qué decir de la trama. Me pareció que estaba por todas partes y en ningún lado. Eso me confunde.
Pero de todas formas no me arrepiento de leerlo y creo que es una lectura ágil para un día caluroso de verano en la playa...
Aunque tal vez no en El Pinar... ¿Pinares? (jamás escuché que se le nombrará así... quizás antaño).
Lo recomiendo, pero como dije, para unas vacaciones a la hora de la siesta.
Aunque no había leído a este autor previamente, lo conocía por Claudia y porque ha participado de varios eventos del #Clubdelecturauy. Entonces, tuve la suerte de recibir el ejemplar gracias a Santillana (loqueleo), y aproveché mi oportunidad para conocerlo yo. Me alegra, porque la verdad fue una agradable sorpresa. Me está siendo difícil escribir esta reseña, dado que estoy contrarreloj para tenerla pronta a la hora de siempre. No anduve con tiempo ni ganas de leer; días difíciles. Así que no sé qué saldrá.
En general, la trama me atrapó. Si bien, como leí en comentarios como el de Clau, parece que está en todas partes y en ningún lado, creo que es porque a pesar de haber un misterio, se trata más de una novela de personajes. En particular, el narrador, Dante, que es nuestro protagonista. El misterio que hay en el pueblo de Pinares —que bien podría ser un balneario cualquiera de la Costa de Oro, en mi país—, por importante que sea, ocurre en el trasfondo. Lo más importante acá es el crecimiento que experimenta Dante, lo que aprende durante los meses que dura la novela. Quizás entonces este misterio sea un aspecto algo superficial y poco satisfactorio en su resolución, más bien una excusa para poner en marcha todo lo demás. No deja de ser disfrutable, de todas formas. Y sin dudas atrapa.
La construcción del protagonista es de lo que más me gustó. Su voz se siente real, sincera, creíble. Además, no se pone a sí mismo ni como grandioso ni como pobrecito yo. Me cayó bien, empaticé y sentí ganas de que le fuera bien. Además, hay un recurso muy bien utilizado que son las hojas de recuerdos, intercaladas entre capítulos, que cuentan momentos del pasado que tienen que ver con lo que ocurre y aportan a la historia sin que esta se detenga de forma tediosa. Así descubrimos el origen de la pasión de Dante por el fuego, o qué pasó con su madre, o cómo se hizo amigo de Mateo, entre otras cosas.
Aunque los demás personajes están menos desarrollados —nada que no se esperara en una novela tan corta en primera persona—, debo decir que quedé complacida con lo complejo que es el personaje de Mateo. Quizás no con cómo se lo trata, pero sí con cómo se lo ve en la novela. No disfruté tanto de Inés o Natsu. Aunque no tengo problemas con la primera, se me hizo un poco plana. Y la segunda cumplió una función un poco manic pixie dream girl; o sea, ayudó al personaje en una etapa, catapultó su desarrollo emocional y se fue. No siento que haya aportado mucho más a la historia. Y eso que amo Japón y en realidad sus escenas las disfruté porque ella me cayó bien. Quizás me habría gustado ver más del padre de Dante, si fuera por pedir. Los «malos» tampoco me dejaron mucho, y tal vez la gente del monte se podría haber explotado mejor, pero fue un elemento que me gustó, de todas formas.
Me hizo feliz la ambientación, porque aunque no se dice explícitamente dónde está Pinares, en mi mente lo vi como cualquier balneario de la Costa, donde pasé tantos veranos y vacaciones con mis primos. Por lo tanto, se me hizo fácil sentirme ahí durante las descripciones o con detalles chiquititos. También me gustó lo real que se siente Pinares, por fuera de esto. Lo bien armado que está el pueblo, lo congruente que es. Y también me gusta que se ambienten novelas juveniles fuera de Montevideo.
Pero lo mejor que tiene la novela es la prosa. Me pareció maravillosa. Es profunda y conmovedora sin necesitar para eso grandes palabras. De hecho, podría considerarse bastante sencilla. Es que acá no va en palabras grandiosas, sino en las palabras justas. En el orden justo. Con el tono necesario. Esto último sobre todo es vital para crear atmósferas llenas de sensaciones. Además, cierra muy bien las escenas y los capítulos, algo que no es menor. Si tuviera que elegir un punto determinante por el que me gustó esta novela, sería la narración.
Así que, para cerrar la reseña, me parece una novela súper bien escrita y con personajes cercanos y muy humanos. Una ambientación que es fácil de recrear y una historia que engancha. Sí tiene algunos fallos a mi parecer, que expliqué previamente, pero creo que de todas formas es más lo bueno y que vale la pena leerlo. Sin duda voy a querer leer más de este autor.
Me resultó un libro entretenido de leer, de fácil lectura. Debo confesar que me gustaron bastante más los personajes secundarios que el protagonista, pero le reconozco el giro interesante que llevó adelante a lo largo de la trama. Creo que hubo momentos más interesantes que otros, pero a nivel general, logra convencer y enganchar.
A pesar de que es corto me costó engancharme con la trama. La verdad que el final no me lo esperaba pero en si la historia deja un gran mensaje y eso es lo que llama la atención.
En si la historia es entretenida, tiene un comienzo algo lento, todo va avanzando muy de apoco mientras se nos presentan pequeños detalles o pistas de cosas que van a ir ocurriendo pero mas bien pasando la mitad. Llegando a cierto punto se va poniendo más interesante pero luego llega el final y se siente algo abrupto en mi parecer. Todo se resuelve rápido y lo que se daba como un misterio en mi caso no lo entendí, daba como para algo más elaborado y sin embargo quedo en la nada. Lo mismo me paso con Dante y su atracción por el fuego, esperaba más y no algo que lo vi pasar como que estaba ahí por estar, no sé, eso no me convenció, realmente esperaba otra cosa. Y lo mismo el titulo, la novia, ni fu ni fa los dos personajes, ni Ines ni Natsu me parecieron interesantes y relevantes, y o de incendiario es un toque que llama la atención y no se ahonda en profundidad como me hubiese gustado. La trama se enfoca en hechos que suceden en el balneario, no hay mucha vuelta, en fin.
Lo que más me gusto fue el personaje de Mateo, el mejor amigo de Dante, es llamativo por demás en todos los aspectos, lo que hace que la gente sienta rechazo por él y lo juzguen sin conocerlo, teniendo una historia por detrás bastante sufrida. Dante tiene lo suyo, lo vemos madurar y actuar, tomar las riendas de lo que sucede para ir hasta el fondo. Pero el tema del fuego se pasa muy por arriba, pienso que daba para que se ahondara más en su interior. Las chicas no destacan tanto pero igualmente están bien, nada del otro mundo, jóvenes normales. Y los demás personajes tienen lo suyo en su medida justa lo que se agradece porque aportan hasta donde tienen que aportar y nada más. Las locaciones están bien hechas, típicas de los balnearios del país, la narración es ágil, se lee bastante rápido aunque a veces se torna un poco pesado pero se pasa rápido, los capítulos son cortos, la portada es algo rara pero reúne detalles interesantes, me gusta y la edición como siempre esta muy bien realizada.
En definitiva se nos brinda una trama interesante, que aunque se tocan temas muy rápido te hace comprender los sentimientos y sensaciones que se les presentan a nuestros personajes, soledad, tristeza, discriminación, amistad, violencia y comprensión, variadas emociones que hacen que los comprendas y logres empatizar con ellos en las situaciones que viven o han vivido.
Dante, el protagonista de esta novela, responde al curioso apodo de "Dante Infierno" y no, no es porque se sepa de memoria "La Divina Comedia". Dante es un pirómano. Pero antes de que lo imaginen ustedes como un peligro para su comunidad, incendiando a tontas y locas, cabe aclarar que la piromanía de Dante es emocional y selectiva. Dante prende fuego sus propios dolores y pérdidas. Para él, el fuego cumple una de sus funciones más antiguas: la de ente purificador que borra todo lo que daña nuestra memoria. En "La novia del incendiario", Sebastián Pedrozo realiza varias apuestas importantes. Propone una novela de iniciación, la de Dante en la vida adulta con todo lo que eso conlleva en aspectos como el amor y la amistad. Propone la construcción de un espacio literario que es al mismo tiempo real y ficticio: la Costa de Oro como un escenario con pautas inventadas por Pedrozo pero a partir de su experiencia real de vivir allí (y que lo hermana con la estupenda y poco conocida novela "Médanos" de Camilo Baraibar, dónde se desarrollaba este mismo espacio en coordenadas muy parecidas de "novela adolescente de iniciación"). Y por último, y no menos importante, propone una intriga, de manera sutil primero, pero que avanza a paso firme hasta ocupar un lugar medular en el relato. Y, nota importante, logra todo lo que se propone. Como novela adolescente, queda claro que Pedrozo recuerda claro y bien lo que era serlo. Es imposible- si se tiene una buena memoria afectiva- no recordar lo que se sentía en la propia adolescencia a medida que Dante avanza por sus propias cuitas. Los sentimientos de Dante son los de uno, la identificación ante el primer amor (ese que en verdad no es amor más que en el más puro estado de la juventud), la amistad plena con amigos que se sienten para toda la vida, etc. Aquí es dónde Pedrozo logra lo mejor de su novela. De hecho, al avanzar en importancia la intriga que además se desarrolla (puntualmente, una violencia generalizada que empieza a afectar al balneario, empezando por agresiones a perros pero eso es apenas el inicio de la escalada) termina quizá por supeditar aspectos de la otra trama y asi hay- hacia el final de la novela- ciertas relaciones que no terminan por cerrar del todo. Pero lo cierto es que si el meollo de intriga cierra y cierra muy bien, con contundencia. Es de agradecer la decisión de Pedrozo de poner en alto los riesgos para sus jóvenes personajes (sobre el final, está en juego su propia vida y eso se transmite con contundencia). La novela de Pedrozo es una variante de los viejos relatos de misterio de Enid Blyton hasta nuestros días, con impronta moderna y bastante vernácula. Lejos, eso sí, de los relatos del subgénero Young Adult angolsajón (que apuesta sobre todo a la distopía cienciaficcionesca o la fantasía sobrenatural). Pedrozo cimenta su relato desde coordenadas muy reconocibles, muy cercanas y- sobre todo- muy efectivas. Para recomendar.