Estoy leyendo en la playa, tranquila, con un sol anaranjado que pinta de luz la superficie del mar conforme el día se acerca a su fin. Todo sería perfecto si no existiéramos en un mundo heteropatriarcal.
Yolanda Oreamuno lo retrata perfecto en esta novela publicada hace más de setenta años y completamente vigente. Pero antes de hablar del machismo que habita en cada palabra de La ruta de su evasión, hablaré de elementos más agradables.
Como siempre, el lenguaje me gusta, por ejemplo, al principio, cuando describe a la muchacha morena que limpia las escaleras me recordó a Yáñez cuando describe a Gabriel en el campanario, como esa idea de la piel ansiosa. La misma Oreamuno nos indica que el lenguaje es muy importante en diversas frases como “todo es culpa de la palabra” salpicadas a lo largo de la obra. Usa varios estilos narrativos, como el directo, indirecto e indirecto libre, por ejemplo, en el capítulo dos, vemos que una Teresa muerta habla con un discurso entre comillas.
El capítulo XV dice cosas interesantes como: “Estamos frente a una contradicción lamentable: sin dinero no se puede uno dedicar al arte; y con él tampoco, porque lo limita.” El problema es que al final, los dos hombres deciden por Elena.
Es una novela fluida que te permite sentir. Sentir odio hacia Vasco (ya lo detestaba desde la página 27, como al padre Dionisio de Al filo del agua, a Virgilio de Final en laguna, a Luisito Cervantes de Los de abajo y a cada uno de los hombres que me molestan en los libros más recientes que he leído); infinita lástima hacia Teresa; mucho coraje hacia Aurora; molestia con las vecinas (su chisme me recordó Al filo del agua)… en fin, no hay sentimientos felices, incluso justifican la tristeza y la violencia con frases como: “Las penas están en uno; y cuando en uno hay una alegría como la suya, hasta las penas se vuelven alegría. No necesita más.”
Con este libro sentí que las mujeres escriben sobre machismo de manera explícita. La literatura está poblada de hombres nefastos como el conde d’Hérouville en Le fis maudit (El hijo maldito) de Balzac o Maufrigneuse en Pétition d’un viveur malgré lui (Petición de un vividor a pesar suyo) de Maupassant. Podría apostar que el 90% de los personajes hombres de la literatura son machistas porque llevamos siglos en este sistema. Esto no es nada nuevo. Mi descubrimiento personal fue que las escritoras retratan el machismo de manera más explícita que los escritores. Yo pienso que es una forma de denunciar, pero ¿dónde está la línea entre la denuncia y la apología? Jimena dice que la función de la literatura no es denunciar ni educar, sino reflejar a la sociedad, que el arte es catarsis.
La ruta de su evasión retrata una familia tradicional, hipócrita, machista y disfuncional. El capítulo V me dejó turbada, triste, enojada, ese capítulo encierra muchas cosas: silencio, violación, miedo, odio, eterna injusticia…
Para terminar, copiaré cuatro citas que reflejan o denuncian la podredumbre de esta sociedad respecto a la mujer y los conceptos que le enseñan desde niña (como la belleza de dar a luz o el amor incondicional):
El “concepto” de mujer:
“¿La ve? Allí está. Me pertenece. Hace lo que yo quiero, bueno o malo. Depende de mí. Vive de mí. No tiene ni movimientos propios. Es una cosa, solamente una cosa obediente, le falta mucho para llegar a ser persona. ¿Se da usted cuenta? ¿Se da usted cuenta de cómo es mía? Pues bien, no tiene dificultad ni importancia poseer una cosa. Para mí, no significa nada. Nadie querría tener una cosa. Yo la puedo retener o la puedo tirar. ¿La ve? No le dé más importancia de la que merece. Aprenda a colocar a las mujeres en su sitio. No hay que dejarlas creerse más de lo que son. Y son eso, un músculo del cuerpo masculino que se puede mover a voluntad. Póngase usted en su sitio. No derrame su galantería inútil sobre algo tan despreciable como una mujer. ¿Ya vio lo que es? ¿Sus gestos de gran señor en honor de eso que yo le muestro desnudo? ¿Sus difíciles movimientos por eso que yo le enseño? ¡Es tan fácil que da risa! No cuesta nada hacerlo. Si deseo que se pare, se para; si quiero que se caiga, se cae. No tiene voluntad propia, no tiene ni movimientos propios. ¡Y usted derrama importancia sobre una pobre cosa torpe como ella! ¡Vaya, señor…!”
La “mentira” de dar a luz:
“¡Pero qué desagradable! Y que en este raro proceso tan natural, tan patológico, tan cósmico, hayan de mezclarse estas cosas prosaicas y repelentes, y que uno, ya entregado a fuerzas inmensas, deba también rendirse a fuerzas menores que parecen significar muy poco en todo esto.”
La “broma”:
“–¡Bonito argumento para el matrimonio! ¿Y qué harás si no dejo de pensar en esas otras… cosas?
–No sé. Te mataré tal vez.
–Nos estamos destruyendo, Gabriel. Y eso no está bien.”
El “amor”:
“–No, Gabriel. Dime si has cambiado. Prefiero creer que es esto. Yo tengo una idea de ti… Te he hecho como un altar. Creo que si pudiera, te rezaría y te prendería velitas como a los santos. Mi actitud ante ti es de rodillas siempre. ¿No te has dado cuenta? Tú eres para mí lo que más amo, lo único en que creo, el motivo de mi vida, todo, todo. ¿Te gustaría que yo sintiera el impulso irreverente de dejar mi posición de rodillas y me levantara frente a ti como si estuviera a tu misma altura? Dime que no te gustaría…
–Eso sí es locura…
–No. Es amor. Te amo así como eres, duro y hasta cruel. Me gusta verte alto, fuerte, poderoso, más grande, mucho más grande que yo. Nunca he tenido seguridad sobre ti y tal vez esa forma de rebeldía que ahora siento me produciría un poco de seguridad. Y sin embargo, no la deseo.”
La ruta de su evasión me parece una obra muy triste. A veces siento que no hay salida, que no lograré que mis sobrinas vivan en un mundo más justo. Antes pensaba que la conciencia de ser mujer te la daba la edad, por ahora creo que es la experiencia. Por eso, les dejo esta frase que le dice Teresa a Aurora:
“-No me pidas que te explique. A estas cosas se llega por sí solo, no de otra manera. Tendrás que aprenderlo de tu propia experiencia. Como yo lo aprendí, aunque demasiado tarde. Te deseo que no sea para ti también demasiado tarde.”