Este libro presenta de manera profunda la visión epicúrea sobre la felicidad, la naturaleza del mundo y el papel del conocimiento en la vida humana. Epicuro explica que comprender la realidad (sus principios, su funcionamiento y la forma en que percibimos lo que nos rodea) tiene como propósito alcanzar la imperturbabilidad del alma, es decir, una vida serena y libre de temores.
Para Epicuro, gran parte del sufrimiento proviene del miedo, de los deseos desmedidos o vacíos, y de opiniones equivocadas. En cambio, la prudencia, la razón y la sabiduría son las herramientas que permiten liberar el alma de las afecciones y acercarse a una existencia verdaderamente dichosa.
El filósofo afirma que sentir es una forma de “absorber” la estructura de lo que percibimos, por lo que las sensaciones son en esencia verdaderas; no así las opiniones, que pueden ser erróneas. Además, sostiene que nada bueno para el alma puede ser malo para el cuerpo, y viceversa, pues ambos forman una unidad compuesta por átomos que desaparecen juntos con la muerte.
Se distinguen dos afecciones fundamentales: el placer y el dolor. El placer es el principio y el fin de una vida feliz, pero no se trata de excesos, sino de un placer sereno, estable, libre de perturbaciones (ataraxia) y sin sufrimiento corporal (aponia). Por eso propone reducir al mínimo las interacciones dañinas, vivir en paz y cultivar recuerdos placenteros que permitan mirar el futuro sin temor.
También señala que los dioses existen, pero habitan los “intermundos”: espacios entre mundos donde viven en perfecto equilibrio, sin intervenir en la vida humana. La percepción común de lo divino, según él, está presente en todos los seres humanos.
La ética, en su filosofía, enseña qué elegir y qué evitar, pues toda acción tiene una causa. Cada ser vivo busca naturalmente su propio bien, y aunque todos somos capaces de ser felices por momentos, la verdadera dicha consiste en mantener esa felicidad de forma constante.
Epicuro también reflexiona sobre la justicia: aunque la justicia es la misma para todos, lo que se considera “justo” puede variar según las circunstancias. Nadie elige el mal por sí mismo, sino porque cree que traerá un bien mayor o evitará un mal peor.
En resumen, en este libro se propone que la verdadera satisfacción surge de una vida sencilla, prudente y consciente, apartada del ruido innecesario y guiada por la razón. Su mensaje central es que nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para cuidar la salud del alma y buscar una felicidad duradera.