¡Qué sorpresa tan grata! Los cuentos de esta colección son de esos que anidan en la cabeza del lector y se quedan por mucho tiempo. Algunos por la forma en que el autor logra sembrar la inquietud con elementos aparentemente triviales, como en "El hombre de tiza"; otros por la vuelta de tuerca que nos hace comprender, en un último y breve parrafito, a un personaje aparentemente secundario (y lo hace crecer, hasta volverlo un héroe, un ser hermoso) -no, no les digo en qué cuento para no arruinar el mecanismo sorpresa; otros más por la forma tan diestra en que llega a la conclusión que ya esperábamos... o a otra. No son cuentos ñoños ni facilones. Son de esos cuentos que ponen en alto el género cuentístico y el género "juvenil". Son literatura y ya, de esa que no necesita etiqueta, pero que tiene un par de etiquetitas que la vuelven más cercana al lector que busca lo breve y al que se sabe o se siente joven. No todos los cuentos son igual de buenos, pero ninguno esmalo, ni siquiera regular. Y los mejores son de esos que uno atesora en la memoria. Humor, misterio, horror, un poco de amor. Guerra, pobreza, virtuosismo y maldiciones. De todo eso -y más- hay en Trasnoche. Muy recomendable.