Su muerte temprana no impidió que Ignacio Aldecoa (Vitoria, 1925-Madrid, 1969) aportase a la literatura en castellano una obra de gran calidad, diversificada en dos poemarios, cuatro novelas y varios libros de relatos. Miembro muy destacado de la generación literaria de los "niños de la guerra", o "de los años cincuenta", una de las promociones narrativas, teatrales y poéticas importantes y significativas en el siglo XX español, tuvo como compañeros en la práctica del relato breve, entre otros, a Jesús Fernández Santos, Medardo Fraile y Carmen Martín Gaite, todos ellos enmarcados dentro de lo que pudiéramos denominar la expresión realista, que debieron afrontar las rigurosas restricciones de la sociedad y de la censura del franquismo. Josefina R. Aldecoa reunió los 79 relatos de quien había sido su marido, escritos entre 1949 y 1969, y los publicó en 1995 (Cuentos completos, Alfaguara). Young Sánchez y otros cuentos presenta una selección de 14 de aquellos relatos que abarca las diferentes épocas creativas del autor.
Nació en el seno de una familia vitoriana de la burguesía el 24 de julio de 1925. Estudió bachillerato en el colegio Santa María (Marianistas) de Vitoria-Gasteiz, donde demostró con frecuencia su rebeldía, como describe en el cuento "Aldecoa se burla". En 1942 marchó a estudiar Filosofía y Letras a la Universidad de Salamanca, donde destacó por su falta de aplicación, sus frecuentes ausencias y su vida de tuno; aprobó sin embargo las comunes y prosiguió sus estudios en 1945 en Madrid, donde se instaló en una pensión barata cerca del Café Gijón. Allí conoció a Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, José María de Quinto y Alfonso Sastre, entre otros, y a la pedagoga y escritora Josefina Rodríguez, hoy conocida como Josefina Aldecoa, con la que se casaría en 1952. Este grupo procuraba colar sus producciones antigubernamentales en las publicaciones del SEU, sindicato vertical entonces de afiliación obligatoria; los primeros cuentos de Aldecoa aparecieron en revistas como La Hora, Juventud, Haz y Alcalá. Sus contemporáneos han destacado la vitalidad como el rasgo más sobresaliente de su carácter, una vitalidad que escondía algunas tendencias autodestructivas. Sus primeros libros fueron de poesía: Todavía la vida, en 1947, y Libro de las algas, en 1949. Obtuvo el premio de la revista Juventud por el cuento "Seguir de pobres" en 1953. Su primera novela, titulada El fulgor y la sangre, se publicó en 1954 y fue finalista del Premio Planeta. Hacia 1955 frecuentaba las tertulias de estudiantes rebeldes al régimen franquista y se implicó en la creación de la Revista Española, impulsada por Antonio Rodríguez Moñino, quien había sido expulsado de su cátedra por sus simpatías republicanas y había hallado refugio en la Editorial Castalia, que editaba la revista. En su consejo de redacción estaban con él casi todos los escritores importantes de la Generación del medio siglo, habituales de la tertulia del Café Lyon que organizaban allí Rodríguez Moñino, Sastre y Ferlosio, entre otros. Accedieron allí a la estética literaria del neorrealismo de Zavattini y al nuevo periodismo de Truman Capote, así como a la narrativa de Hemingway, John Dos Passos y Baroja, fuera del nouveau roman, y cauce apropiado para la expresión de sus rebeldías existenciales y sociales. Murió prematuramente en 1969, víctima de una úlcera sangrante que no se preocupaba en cuidar.
En estos 14 relatos llenos de realismo de la posguerra, Aldecoa nos ofrece una exposición variopinta de la clase humilde y la sociedad española de ese momento. El escritor nos describe situaciones cotidianas, desde el mundo del boxeo, del toreo, de los campesinos, de los niños, o trabajos vulgares; pero con los sueños particulares de los personajes, las esperanzas o los lazos de camaradería que se suscitan. El autor asimismo con un trío de cuentos muy ilustrativos, detalla el ambiente escolar, mostrándolo represivo e injusto, donde el propio Aldecoa es el protagonista de uno de ellos. Incluso hay también retratos de la burguesía, con unas pinceladas de humor e ironía.
Esta selección, confeccionada por su mujer Josefina, tiene algunos altibajos (como es lógico) pero el tono general es bueno y aceptable. Mi cuento favorito, o el que me gusta más, no coincide con el que da título a esta obra, me refiero a: “Santa Olaja de acero”; donde el autor nos muestra otra vez lo cotidiano y la dureza del trabajo, pero con momentos épicos.