Es un ensayo simple y ameno. Bien escrito y con reflexiones interesantes. Me gusta más cuando habla de las cosas (casas, puertas, ventanas, camas) que cuando habla de sus hijos, pero esa es una opinión absolutamente subjetiva y personal.
Este es el libro que me hubiese gustado escribir. A través de elementos tan simples como una cama, una ventana o un muro, la autora logra algo profundamente difícil: detener el tiempo y volver significativo lo cotidiano.