Es un ensayo simple y ameno. Bien escrito y con reflexiones interesantes. Me gusta más cuando habla de las cosas (casas, puertas, ventanas, camas) que cuando habla de sus hijos, pero esa es una opinión absolutamente subjetiva y personal.
Creo que a este libro llego enfermo de academia después de estar leyendo tantos papers y textos para mi tesis. Eso mismo hizo que lo sintiera simple, poco explicado y superficial en cuanto a sus fuentes. Pero eso es problema mío, no debería pedirle citas en MLA y referencias en un formato perfecto a un libro de ensayos. Desligándome de ese problema inicial, disfrute mucho este texto. Disfrute el pensamiento desde lo íntimo, desde lo cotidiano y a veces lo fotográfico, pensar en las ventanas de una casa como un lugar desde el cual posicionarse; pensar en la mesa de escribir como un sitio político (que siempre el desde donde escribir es un sitio político). Disfrute este cambio de paradigma, esta excusa que es la casa para poder hablar de las personas.
De estos ensayos creo que me robaré tantas ideas para escribir poesía, siguiendo las palabras de la autora "El ensayo está más cerca de la poesía que de la ficción" (41) y así lo veo en frases del texto que pienso en robarme para escribir poemas, copio algunas de ellas si ganas, ni tiempo de explicar por qué me fascinan:
"Quién, siendo niño o niña, no hurgueteó, por ejemplo, al interior de cuanto mueble hubiera a su alrededor" (15)
"Un libro podría ser una ventana dibujada con tiza sobre una pared" (18)
"Y, en una de esas, hasta aprendo a escribir sin fumar" (35)
"¿Cuánto es el mínimo que necesita una casa para llamarse casa? (65)
Este es el libro que me hubiese gustado escribir. A través de elementos tan simples como una cama, una ventana o un muro, la autora logra algo profundamente difícil: detener el tiempo y volver significativo lo cotidiano.
En general, mi evaluación se centra en que el título del libro no es el más representativo para la obra, si bien para nombrar los capítulos, recurre a elementos compositivos de una casa que dan pie a las vivencias personales de la autora, como el muro, la ventana y la puerta… entre citas, anécdotas, direcciones y personajes anónimos, la idea de La casa se difumina. Cuando vi el libro en la librería pensé que me encontraría con un ensayo revelador en torno a Una casa, si bien es cierto que el lector tiene la capacidad de aunar y conectar todos los relatos del libro, a mi parecer queda pendiente la síntesis personal de la autora, en especial en el último capítulo.