Alhué significa, en lengua mapudungun, "morada de muertos". El autor escogió este nombre, nombre que corresponde asimismo a una localidad rural (y extremadamente más rural cuando concibió esta pequeña novela, allá por el año 1928) de Chile, porque le parecía que su significado retrataba muy bien el cómo era la vida de provincia… Una tierra donde moran los muertos.
En 1950, José Santos González Vera fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura. Hasta entonces, había publicado dos libros: Vidas mínimas y Alhué. En ese momento, la designación del premio suscitó una controversia: algunos escritores consideraron que su obra era intrascendente y no faltó quien lo conminara a renunciar a este reconocimiento. Entre sus detractores, Luis Durand llegó a afirmar que "las obras completas de González cabían en un cuaderno de composición". Pero hubo quienes, como Enrique Espinoza, amigo cercano del autor, destacaron que su obra, Vidas mínimas, tenía el mérito de contener la primera aproximación de la literatura chilena a los personajes del mundo proletario a través del tema del conventillo.
El mismo González conoció esta realidad en sus años de juventud. A los trece años de edad, luego de abandonar la escuela con la convicción de que su vocación era la calle, ejerció variados oficios: aprendiz de pintor, mozo de sastrería y de una casa de remates, obrero en una fundición, peluquero aficionado, lustrador en un club, secretario de una sociedad de carniceros, comisionista, cajero de almacén y cobrador de tranvías en Valparaíso. Como consecuencia de dicha experiencia, nació su militancia ideológica: "Era adolescente cuando, para ganarme el pan, intenté aprender los más diversos oficios. Así pude vincularme a obreros ansiosos de establecer una sociedad igualitaria y libre, como la conciben los anarquistas. Muy pronto hice mía tal aspiración, porque nada ayuda tanto a decidirse como el ser joven".
A los 20 años de edad, González comenzó a interesarse por la literatura y a leer obras sociales e ideológicas de autores rusos, tales como Máximo Gorki y Piotr Alexéievich Kropotkin, considerado el principal teórico del movimiento anarquista. Así, pronto comenzó a escribir, para divulgar el comunismo anárquico a través de sus textos, "en procura de un orden más favorable a la comunidad".
González siempre se resistió a la seriedad excesiva. Por el contrario, era un repentista ingenioso. En sus obras con frecuencia se encuentran pasajes llenos de humor y picardía criolla, los mismos que aderezaron sus comentarios sobre su tendencia a la brevedad como método de trabajo: dado que nunca se apuró para escribir ni para publicar, por lo que corregía una y otra vez sus textos, bromeaba con la sentencia de que las nuevas ediciones de sus libros siempre salían "corregidas y disminuidas". También tuvo guiños humorísticos para sus lectores: "Quise ser consecuente con mis ideas humanitarias y ofrecer al posible lector escritos breves".
Luego de recibir el Premio Nacional de Literatura, González publicó su autobiografía, la que tituló Cuando era muchacho, además de La copia y otros originales, Necesidad de compañía. También escribió ensayos sobre los autores de su generación Manuel Rojas, Augusto D' Halmar, Federico Gana, Gabriela Mistral, Jorge González Bastías, Alone, Mariano Latorre, Baldomero Lillo y Ernesto Montenegro―, que reunió en uno de sus últimos libros, titulado Algunos.
Una obra maestra en su narrativa de una síntesis y profundidad alucinante. El Alhué de González Vera que en realidad es Talagante, aparece delineado a las sombras del otro territorio que se construye bajo el canon tradicional. Exploramos casas con pasado fastuoso, calles que se pierden entre bosques y ríos, bares y escuelas en penumbras. Además, los personajes nos van entretejiendo el día a día de Alhué, que se dibuja entre las sombras de los muertos y las tradiciones que rompen el silencio de la vida cotidiana del campo profundo.
«Alhué, debo reconocerlo, era un pueblo con individualidad. Pocas moscas, un solo fraile y ningún carabinero. Casi reunía las condiciones deseadas por Baroja para su república de Bidasoa»
acab por siempreEEEE.
Lo que leí tenía 44 páginas jajajajjaa no sé si habré leído un extracto o qué.
Alhué es un pueblo de 7.400 habitantes, ubicado al sur de Melipilla. Su nombre significa “lugar de espíritus” en mapudungun; se dice que el mismísimo diablo nació allí. Alhué es también un escenario mítico, como Macondo o Comala, que José Santos González Vera inventó ―o quizás descubrió― a partir de sus experiencias de infancia y juventud.
En el Alhué mítico, que probablemente en algo se ha de parecer al geográfico, no existe la esperanza, y el tiempo no transcurre. “En Alhué nadie tenía idea del porvenir”, nos cuenta González Vera. “Los días no traían angustias, pero tampoco eran portadores de mensajes alegres. Llegaban y se extinguían sin ningún suceso. Y los meses, por su índole más abstracta y arbitraria, se hubiera creído que transcurrían de noche”.
Es probable que Chile entero exista dentro de las fronteras del Alhué de González Vera. Sin duda, el autor era de esa opinión: bajo su mirada, nuestro país no sería más que una provincia en los márgenes de la realidad.
Han pasado 90 años desde la aparición de este libro, y sin embargo la pregunta que nos plantea todavía ronda sin encontrar una respuesta satisfactoria: ¿Saldremos alguna vez de Alhué?
Este libro junta varias historias ligeramente independientes donde el autor describe minuciosamente personas y situaciones. La verdad no me gustaron tanto algunos relatos, pero no por cómo fueron escritos, sino por leer con algo de vergüenza ajena... aunque finalmente una no es quién para juzgar cómo se comporta alguien guiado por la pasión y la desazón.