Amando a Violeta fue una lectura que disfruté, no es la típica historia de amor, la protagonista es una mujer divorciada, madre de un niño, que logra encontrar el amor con el soltero más codiciado del pueblo. Eso me pareció refrescante y diferente.
El ambiente de small town más el elemento de empezar de nuevo siempre ha sido un trope que me gusta. Me encantó la relación de Violeta con Josy, una amistad fuerte y honesta, y también la de Austin y sus amigos. Además, las escenas spicy me sorprendieron (¡no me las esperaba!) y fueron muy bien escritas, con lenguaje puertorriqueño.
Austin, aunque al principio sentí que su enamoramiento fue un poco apresurado e irreal —pasa de ser un mujeriego a quedar flechado con solo verla en la cafetería—, termina siendo un personaje encantador. Me gustó mucho cómo trata a Violeta: con amor, respeto, ternura y esa sensación de protección y confianza que tanto se agradece en una relación ficticia y en la vida real.
El elemento de suspenso al final, con el secuestro de Violeta, fue un buen giro que mantuvo el interés. Aunque debo decir que me costó recordar quién era John Baker, el secuestrador; siento que su personaje necesitaba más desarrollo para que ese clímax tuviera mayor impacto emocional. Lo mismo con la vida de ellos en el pueblo: me habría encantado ver más interacciones, más participación de ellos en la comunidad, más momentos que hicieran crecer su relación de forma más profunda y orgánica. A veces sentí que pasaron de algunas salidas a un matrimonio sin mucho desarrollo intermedio.
En resumen, es una historia linda, tierna y entretenida, con una protagonista que rompe moldes y un romance que, aunque algo idealizado, se siente reconfortante. Me quedo con una sensación cálida al terminarlo.