Cien años después de los últimos eventos en Vâudïz, cuando la fiebre roja está matando a sus habitantes, Nannerl necesita que Erick e Irene le ayuden a rescatar la magia y devolver la vida a su mundo. En el tiempo real sólo han pasado tres años. Irene espera con ansias reencontrarse con Erick y cuando él vuelve al pueblo, para asistir al funeral de su abuelo, las cosas no salen cómo esperaba y la deja con el corazón roto. Llena de decepción y furia, Irene abre un vórtice que la lleva a Vâudïz dejando a Erick atrás, mas no por mucho tiempo, ya que éste encuentra la forma de trasladarse también.
Ese final es una joya. Todo el libro construye muy elegantemente la historia para cerrar el libro con una situación inesperada y caótica que abre tantas posibilidades. Andrea maneja diferentes niveles de trama en una forma fascinante, con astucia y logra mantener la relevancia de todas las situaciones de los personajes que existen. Definitivamente una tercera entrega preciosa que te deja con muchas ganas de seguir leyendo inmediatamente.
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