Contra el fracaso y el éxito —los dos impostores de Kipling— Marina van Zuylen propone en Elogio de las virtudes minúsculas (re)instaurar la importancia de la «falta de importancia». Para ello propone actitudes vitales que, como en una balanza, la felicidad pese mucho más que las obligaciones. Para ello propone lo que denomina: "vida suficiente".
· La vida suficiente se basa en el equilibrio de la aurea mediocritas aristotélica, aquello del justo medio y la virtud. Evidentemente, no se trata de dejadez, conformismo o indolencia, sino de una suspensión de los juicios de valor para observar la vida en sus procesos sin atender a los posibles resultados, que solo causan desasosiego. Es decir, se trata, no de renunciar a la excelencia, sino de desdeñar la ansiosa espera de recibir las opiniones del mundo. El éxito siempre es subjetivo; la calidad, en cambio es objetiva. El éxito se expresa en la inestabilidad de la euforia; el fracaso en la depresión de la angustia; lo suficiente en la sophrosynè de Aristóteles, palabra que sirvió para encarnar el acto de vivir bien en la moderación y la templanza, y que consideraba la mitad justa como una virtud casi divina por derecho propio.
· Siempre pensé que más que virtud, en el punto medio, tibieza, ambigüedad; más que equilibrio, inestabilidad y un martirio infinito de dudas. Luego, los años le hacen a uno comprender que lo mejor del camino es estar caminando, que no se llega nunca a parte alguna y que solo queda disfrutar del trayecto. La lectura de este libro tan especial, tan clarividente, ha venido a ratificar, no solo lo absurdo de la obsesión por objetivos y logros, sino sobre todo por el enfoque que ofrece sobre la expresión del juicio con respecto a uno mismo y en su relación con los demás y la mejor estrategia: la ecuanimidad, el ejercicio reflexivo de la ecuanimidad.
· Una vida suficiente no tiene que renunciar a nada, al contrario, es una vida más plena porque no se obsesiona con la necesidad, siempre irracional, de lo innecesario. En este sentido, van Zuylen anima a ser "coleccionistas de menudencias y de emociones sencillas" sin caer en el síndrome de lo insuficiente, que se caracteriza por los juicios categóricos y esas primeras impresiones que, a renglón seguido, se convierten en certezas inamovibles.
· Hay en este libro mucho y bueno. Cinco estrellas porque, acabado, he vuelto a la página uno para una segunda vuelta.