El autor es un periodista de carrera, por lo que su prosa es clara. Habiendo dicho eso, el autor tiene una tendencia a recurrir a “chascarrillos” haciendo juegos de palabras que se tornan cansados, particularmente hacia la segunda mitad del libro. El epílogo es lo mejor del libro y probablemente lo que más valga la pena ser leído. Los capítulos enfocados en otros países que no son México también son bastante buenos, si bien con una clara tendencia a criticar desproporcionadamente a los gobiernos que no son de izquierda. En los agradecimientos, el autor declara haber hecho una elección consciente de no incluir a Venezuela en el libro sin explicar el porqué. Enfocados en México, el libro debe ser entendido como una crítica a los gobiernos de Zedillo y del PAN desde dos frentes. Por un lado están las declaraciones on background que el autor recibe de una persona a la que el autor se refiere como “un alto funcionario del PRI cuando todavía gobernaba”, o términos similares, y que muy probablemente sea Carlos Salinas. Y por el otro lado, las fuentes en las que que el autor tiende a basar sus argumentos, así como las personas a las que agradece al final del libro, son cercanas al círculo de Andrés Manuel López Obrador. El libro, publicado en 2024, pasa la mayor parte del tiempo criticando a los gobiernos del PAN de 2000-12 en comparación con los gobiernos sucesivos desde entonces. El libro no tiene tesis o hipótesis en el sentido académico detrás de sus argumentos, que es además algo de lo que se cura en salud en la introducción. Al final, el libro se queda en una serie de quejas y cotilleos que aportan poco a los seguidores de la política mexicana (excluyendo las partes relativas a otros países de la región, que, como comente, son buenas y dan un contexto interesante). En ese sentido, este libro es recomendable para observadores muy casuales de política e historia mexicana recientes.
Me pareció un ejercicio crítico potente y en muchos momentos, revelador. De lo que más me gustó es cuando da ejemplos de prácticas en otros países con mejores democracias, como las asociaciones que existen en Alemania o España, que funcionan como laboratorios de ideas para los partidos, espacios de análisis, investigación, debate plural y formación de liderazgos. En contraste, "aquí se decide y luego se aprende, acumulando errores". Aunque nuestros partidos tienen estructuras similares, estas funcionan más como espacios de propaganda partidista que como centros de pensamiento crítico real.
El capítulo sobre el poder de los militares es de los más reveladores. Muestra con claridad cómo los ejércitos casi siempre condicionan el apoyo siendo un grupo político aparte. Las historias de García Vega y Aguilar Zinser evidencian lo difícil que es mover estructuras viejas, corruptas y profundamente arraigadas. Cambiar el país no es solo cuestión de voluntad política, sino de enfrentarse y lograr mover maquinarias muy pesadas.
La transición de Fox a Calderón está muy bien narrada. Fox aparece como alguien que decidió no tocar al narco, dejar las cosas como estaban para evitar conflictos y muertos. Calderón, en contraste, lanza una guerra frontal que se describe como mal planeada, impulsiva y profundamente marcada por su carácter: ego, enojo y capricho más que estrategia. El libro deja claro que sí existió una intención real de combatirlo, desmontando la idea de que Calderón apoyaba a algún cartel. El problema fue el cómo y el por qué. La guerra surge como una reacción política a lo que ocurría en Av. Reforma con López Obrador, se lanza sin información completa sobre la estructura del narco, sin entender rutas, territorios ni jerarquías, y sin conocer a fondo la corrupción y la incapacidad dentro del propio Ejército. Se habla incluso de al menos cien presidentes municipales coludidos con el narco, lo que deja claro que la guerra se lanzó desde un aparato profundamente infiltrado. A esto se suma un error clave: Calderón no entendió que el poder ya no era hegemónico como en los tiempos del PRI. El Ejecutivo ya no controlaba todos los niveles del sistema político. Y fue hilarante y penoso a la vez toda la opinión que expresa de Peña Nieto, como cuando dice que al menos sabía que no sabía.
Otro tema muy bien trabajado es el de las armas y su peso en la política: las comisiones, los intereses económicos detrás de su venta y la desaparición masiva de armamento cada año, especialmente en México.
El cierre del libro es fuerte e inteligente. Los casos de Florence Cassez y Ayotzinapa funcionan como ejemplos claros de corrupción, fabricación de culpables, manipulación de pruebas y tensiones entre la Secretaría de Seguridad y la Secretaría de la Defensa. Son pruebas de cómo la corrupción, la ineficacia y el uso político de las instituciones están metidos hasta el fondo del sistema.
Mi crítica principal es que, aunque el análisis es sólido y necesario, el libro se queda corto en propuestas. Señala errores una y otra vez, pero no ofrece comparaciones claras ni herramientas concretas: qué hicieron otros países, cómo lograron reducir la violencia, qué modelos podrían adaptarse. Subrayar el desastre sin proponer rutas de salida a mi me dejó un vacío importante.
Finalmente, me sorprendió que en un libro sobre quién manda realmente en la política mexicana casi no se mencione a Estados Unidos, cuando su influencia es imposible de ignorar.
El libro de quien manda aquí es para todo aquello que esté interesado en por que los gobiernos de Latinoamérica simplemente no pueden contener, acabar, o mitigar la violencia que vive la región. Javier Moreno nos explica que todo esto es debido a un entramado de relaciones de diferentes grupos de poder con el que el poder ejecutivo tiene que lidiar, estos actores son a veces legales o ilegales. La única critica, si acaso, es que el 80% del libro se enfoca en México. Eso no es malo, claro, pero dada la portada del libro, nos puede llevar a aludir que va a hacer un caso estudio extenso sobre "Quien manda aquí" en "Latino América". Los demás casos son los de Chile, Brasil, y Colombia, pero México se lleva el protagónico.
Es un excelente libro para entender todo aquello como la corrupción, impunidad, la incompetencia, la voluntad y no voluntad política tienen, al último, un efecto en la seguridad y bienestar de los ciudadanos que habitamos Latinoamérica.
Comencé a leer ¿Quién manda aquí? de Javier Moreno por recomendación del exsecretario Arturo Herrera. El libro ofrece un panorama claro y preocupante sobre cómo el crimen organizado y el ejército han penetrado, con distintas particularidades, en los sistemas de gobierno de América Latina, debilitando las instituciones y deteriorando el clima de paz.
Quién Manda Aquí es de lo mejor que he leído en el año. Moreno cumple con todas las expectativas que tenía al saber que el libro contaba con la “participación” de 7 exmandatarios de América Latina.
Es verdad que más del 70% del libro se centra en México, pero los casos específicos de César Gaviria en Colombia y Dilma Rousseff en Brasil son sumamente útiles para entender la realidad que se vive en todo el continente.
Me habría gustado leer más sobre el sexenio del presidente Peña Nieto y López Obrador, pero entiendo que por la naturaleza de la política, muchas situaciones -y su impacto de las mismas en el tejido sociopolítico del país- tardarán en salir a la luz.
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