Partiendo de que la idea que desea plasmar, una sobre la libertad de pensamiento, expresión, literaria, política y sexual en una España oscura, la de 1975, es de mi interés, siento que solamente refleja una superficie. Por ejemplo, los diálogos de los distintos espectros de personajes, desde libreras contestatarias a periodistas y organizaciones estudiantiles, se sienten repetitivos y aburridos. Mientras las decisiones que toman acaban por ser desesperantes, más centradas en el giro dramático que en la evolución lógica del relato.
Por otro lado, el catálogo de constantes referencias culturales, editoriales e, incluso, de espacios urbanos acaba por hacer un flaco favor a la carta de amor hacia Madrid que quiere ser; acercándonos a un escaparate sin vida ni movimiento, pero lleno de piruetas estilísticas. Mi pensamiento constante ha sido: “Sí, nos hemos dado cuenta de qué se veía, se representaba, se leía, se escuchaba, se comía en Madrid de 1975, ¿Puedes continuar?”.
Lo mismo sucede con los personajes, cuyas historias, traumas y anhelos son descritos en un vistazo sin tener la paciencia de una evolución coherente con el avance de la historia, por lo que son relegados a arquetipos de una diversidad en una sociedad monolítica.
Reconozco la complejidad de escribir una novela y no siento que el autor escriba mal, pero su forma de narrar no me llenó ni atrapó y, en ocasiones, me exasperaba.
A veces hay que leer libros que no convencen para disfrutar con los que sí.
La literatura, como me has enseñado, es la lámpara que ilumina incluso los rincones más oscuros de la existencia. Que nadie, jamás, pueda decir que pasamos por la vida de puntillas. Nos comprometimos y luchamos. Me gustaría poder ver el mundo que vais a crear. En el, seguro que todos tenemos cabida y podemos florecer, libres y sin miedo. Pero me temo que yo no lo voy a ver, así que vívelo por mí. Más adelante, cuando nos volvamos a encontrar en otro plano, me lo cuentas tomando un café. Tu amigo que te quiere.
Venimos del Fuego
Sergio Bang
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España en la Transición. Sergio Bang nos adentra en las calles de Madrid durante la semana del fallecimiento de Franco y el inicio del cambio político para contarnos una historia de rebeldía, valentía, amistad y supervivencia en un momento en que incluso la oscuridad entendió que debía hacer espacio a lo que venía.
Ambientar la novela en torno a la quema de libros y la violencia contra librerías añade un matiz muy interesante, en mi opinión. Bang convierte esa tragedia cultural —poco conocida fuera del contexto de la Alemania Nazi— en una puerta para ofrecernos una lista rica de lecturas, referencias y reflexiones que enriquecerían cualquier biblioteca: “la crueldad se ejerce por estupidez o por placer, pero nunca por obligación”, “una persona es lo que lee, y sobre todo, lo que no lee”, “hay que cambiarlo todo para que nada cambie”. Al final, este es —también— un libro sobre librerías, sobre quienes las habitan y sobre el poder simbólico de los libros frente a la intolerancia.
Además de una reconstrucción vívida de un Madrid bello pero convulso, Bang presenta una serie de personajes interesantes, aunque solo nos permite conocer el caparazón de quienes claramente esconden una profundidad mayor, y esa es mi principal crítica. Me parece que la novela tiene mucha tela para cortar y que la historia se habría enriquecido mucho más si hubiera profundizado en la complejidad de algunos de sus personajes. Donde a veces el libro fallaba en engancharme con la historia, lo hacía en despertar mi curiosidad por saber más de esos personajes. Hay un caso en particular en el que la falta de matices hace peligrar el realismo del personaje, sobre todo porque sus contradicciones —impulsos violentos, tensiones internas, ambigüedades morales— son cruciales para entender la violencia y la ideología de la época.
La novela insinúa una riqueza enorme en el trasfondo moral y psicológico de varios personajes —personas atrapadas entre lealtades divididas, entre el deber y la convicción, entre un país que muere y otro que nace—, pero muchas veces solo roza esa complejidad y quisiéramos ver más. En lugar de sumergirse en los matices, la narración a veces se queda en un contraste de blanco y negro, cuando la historia tiene grises mucho más densos y reveladores. Esa falta de exploración deja la sensación de que había mucho más por contar, especialmente en lo que respecta a la violencia contra la comunidad LGBTIQ+. El libro tiene un propósito claro de visibilizar los estigmas y violencias que vivieron en aquella época, pero en su urgencia por narrar esta injusticia corre el riesgo de quedarse corto, y el desarrollo individual de los personajes que encarnan esa lucha hubiera enriquecido más la historia. Y, paradójicamente, al no profundizar más en ellos, su visibilidad pierde fuerza. Ojalá en la siguiente entrega el autor se permita entrar de lleno en sus vidas, sus tensiones y sus matices, porque ahí es donde la historia podría alcanzar todo su potencial emocional y literario.
Porque, como deja entrever el matiz y el conflicto interno que aparece en Alfaro —uno de los personajes más sugerentes del libro—, cuando la noche deja de ser absoluta, nace la posibilidad de la luz.
Alma pierde su librería en un incendio durante una manifestación estudiantil meses antes de la muerte del dictador. Con todo ese revuelo es detenida y comenzará un periplo de vivencias que la llevarán más profundamente a saber quien es. Es una novela narrada con maestría, con mimo y amor. Se nota todo esto en la construcción impresionante de esta historia que su autor, Sergio Bang, ha cuidado en cada mínimo detalle. Haciendo que la trama no pierda en ningún momento potencia y que te tenga enganchado, cual droga, a sus páginas hasta conseguir devorarla. El después es otro cantar, el vacío que te deja al terminarla hace que tengas que reposar la historia para poder dar tiempo a seguir tu vida sin esos personajes que por momentos se cuelan en tu mente y te imbuyen página tras página. Una novela de Cum laude para este novel autor que para mi promete como posible figura relevante en el sector literario.
De aquellos polvos estos lodos, aunque España haya cambiado mucho sigue siendo necesario entender lo que pasó, asimilarlo y seguir luchando.
Es una novela apasionante, en la que desde el primer momento sientes interés y cariño por sus personajes, Alma, Mario, Alejandro, Luisa, Nando son ficción que se basa en una realidad que es necesario conocer.