The party, both celebration and ceremony, is the common backdrop for three stages in the life of Moncho the adolescent, Ramon the adult, and Aguilar the mature man--all the same person, during the fifteen year period that goes from 1966 to 1980. Celorio manages, through the use of an elaborate and delicious humor, to recreate not only the personal reality of Ramon Aguilar, Moncho, but also that of a whole gallery of character-types who we recognized because they talk, move, listen, and see just as we all do in this apparently festive circular ritual called life. The readers will be surprised to see how very similar the experiences of the generations who lived in the sixties and seventies were, regardless of the place where those experiences took place.
Cursó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, la maestría y el doctorado en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, de donde es profesor desde 1974. Entre sus obras destacan Amor propio, 1991; Y retiemble en sus centros la tierra, 1999; Ensayo de contraconquista, 2001, Tres lindas cubanas, 2006, y Cánones subversivos. Ensayos de literatura hispanoamericana, 2009. Fue director general del Fondo de Cultura Económica de 2000 a 2002; de 1998 al 2000, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, y coordinador de Difusión Cultural de la misma institución de 1989 a 1998.
Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que se encuentran: Orden por la Cultura Nacional 1996, otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba; el Prix des Deux Océans 1998, y el Universidad Nacional en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura 2008, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Es miembro 2 de la Academia Cubana de la Lengua.
El libro es de un autor mexicano, y se siente en el lenguaje, es de esos libros que tiene una prosa fluida y alegre, es como si el autor te fuera contando las aventuras de su personaje de una manera casual sin tanto preámbulo y formalidad.
Ramón Aguilar alias “Moncho” se presenta de adolescente y lo vamos acompañando a través de los años, como es testigo primero de la dinámica familiar y de la vida de sus hermanos mayores, posteriormente entra en escena el, ya más grande estudiando en la universidad, enfrentando el cambio de estructuras es su familia, los acercamientos amorosos, hasta llegar a la vida adulta con sus responsabilidades, desencantos y desencuentros.
El libro es ondulante tiene crestas donde nos entrega páginas ligeras llenas de buena prosa juguetona que nos hace reír y recordar nuestras propias aventuras, pero también tiene descensos, unos provocados por vacíos, como por ejemplo cuando Ramón está en la universidad, es 1968 y se habla de un ambiente cargado de hostilidad en el campus, y uno espera ver cómo enfrenta el protagonista lo acontecido el 2 de octubre, y de repente la acción se corta da un rodeo y sigue narrando acontecimientos posteriores, como si de alguna manera hubiera censura ya sea auto impuesta o de otro tipo, también hay partes donde se filósofa largamente y se vuelve monótono porque no se llega a ningún lado.
Me gustó mucho como hace de la Ciudad de México un escenario, se recorren sus calles, sus espacios, las cantinas del centro histórico junto con la música que se tocaba.
Es un libro ameno, que te transporta a tiempos pasados de una manera brillante, aunque sean épocas que no viviste las sientes vivas y llenas de color.
Creo que esto entra como al late literatura de la onda. Al inicio es algo muy divertido. Soy fan de describir la vida de una persona a través de sus fiestas. A pesar de ser el cliche del chico incomprendido e insoportable estudiante de literatura se lee de una forma inocente, llena de energía y emoción. El estilo de entremezclar frases e hilos de pensamientos sobreponiéndose. El estilo logra plasmar esa cosmovisión del México del siglo pasado. Conformen crece ese estilo se pierde y toda la diversión y pureza se disuelven a otro cliche que es insoportable. No sé si es porque yo tengo la edad del protagonista en el último acto pero me parece aburrido y chocante su cinismo y cansancio ante la vida. Tal vez es porque soy más positivo o no he sufrido lo suficiente pero me es cansado escuchar la voz de ese intento de escritor sentir pena por si mismo. Cuando ocurre en un adolescente parece más tierno y agradable pero justamente en adulto, y específicamente en este, suena más falso. Parece que cree que ese odio a la vida es un recurso para volverlo más profundo y especial pero se vuelve justamente lo opuesto.
No sé qué pensar. Por una parte, sí cuenta algo, sí pasa algo y eso se agradece. Por otra, no me identifico con borrachos que van a fiestas con hippies o con egresados de Filosofía y Letras que se ponen a hablar de literarura en la cantina más memorable (¡porque no puede ser en cualquier cantina donde se den hechos memorables, ¡no!¡que se vea que soy un personaje que ha vivido!) O tampoco me identifico mucho con el lenguaje sesentero. Que qué grueso, carnal, todos todanos, me fui hasta arriba con esta rola, ¿ves?, ¿sí me agarras la onda? O te azotas o te alivianas. Se siente sobreactuado. Se siente mamoncito. Y no sé cuántas estrellas darle o si tendría que haberlo leído en 1971 (Aunque fue publicado en 1991).
"Así las cosas, la condición estudiantil de Moncho era un privilegio, más aún si se piensa que la carrera elegida no había sido administración de empresas o contaduría o diseño industrial sino la lujosa, la medieval, la elitista carrera de las letras eso para qué sirve, te vas a morir de hambre, son estudios para las mujeres mientras se casan.
Alguna vez, en excepcional momento de confidencia, Roberto le había aconsejado que no estudiara esas pendejadas, que nunca tendría dinero para comprarse un buen traje, para invitar a las chicas a bailar, para casarse bien, para tener un coche último modelo; que su esposa no podría tener sirvienta, que sus hijos tendrían que nacer en el Seguro Social, cosas así, tan edificantes. Curiosamente, los argumentos de Roberto, en vez de disuadir a Moncho, o por lo menos de preocupado, lo confirmaban en una vocación que así amenazada iba cobrando, a sus ojos ilusorios, rango de destino, de estigma, de imperiosa necesidad. Sólo quiero estudiar letras para no ser como tú, pensaba para sus adentros, aunque de dientes para afuera puede ser que tengas razón, voy a pensarlo. Antonio, en cambio, apoyaba los estudios de Moncho con beneplácito casi patriarcal, ya porque era él quien orgullosamente mantenía al hermano en calidad real de becario, ya porque él mismo manifestaba considerable gusto por la literatura. Todas las noches, mientras su flamante esposa se entretenía con el Teatro familiar de La Azteca o con el Estudio Raleigh de Pedro Vargas, Antonio resbalaba por la pendiente de algún best seller —Morris West o Taylor Caldwell— y, con paternalismo mal disfrazado de respeto profesional, cuando veía a Moncho le pedía su opinión sobre tales lecturas —lo que era una manera de ponerlo a prueba y al mismo tiempo de hacerle saber que él también leía. ¡Pero cómo!, ¿no has leído Las sandalias del pescador, tú, que a eso te dedicas?"
Me acerqué a esta novela pensando que sería un libro aburrido y demasiado barroco pero la verdad es que me fascinó. Es cercana a novelas como Los detectives salvajes o La Guerra de Galio e incluso Las batallas en el desierto. Tiene un tono intenso y poético para hablar de una época, de los ideales perdidos, de México, de la revolución, pero quien la lea ahora (2020) seguirá encontrando en ella no sólo añoranza por sino un retrato fiel de la fiesta, del desmadre, de los amigos, de ser joven en cualquier época. Además es muy divertida. Una gran novela sobre México y la Ciudad de México que quizá debería ser mucho más famosa y reconocida hoy día.
Fue una lectura interesante; me gusta conocer sobre la contracultura mexicana y los jóvenes de esos años y sus vidas, historias y anécdotas. Lo que me gusto fue el crecimiento de edad y mentalidad del personaje; de niño hasta el adulto. Lo que no me agradó de esta lectura es ese tipo de narración donde se van aglomerando todo los sustantivos, adjetivos y demás palabras en determinados momentos, entiendo el recurso, pero personalmente cuando veo esa clase de párrafos me provoca cierto cansancio y hasta pienso qué es sólo para llenar espacio. Pero fuera de ese minúsculo detalle, la historia como tal es bastante interesante y entretenida.
Me gustó mucho esta novela costumbrista, me pareció muy amena e interesante. La novela me atrapó desde el principio y me provocó una buena dosis de nostalgia ya que el personaje principal (Moncho/Ramón/Aguilar) y yo somos prácticamente contemporáneos, además él estudió en el mismo colegio donde lo hice yo, y por si fuera poco también vivió en la misma zona de la Ciudad de México donde crecí, estudié y comencé a formar mi familia. Antes había leído de Celorio su reciente obra Mentideros de la Memoria, la cual también me gustó mucho. Leer Amor Propio me despertó un profundo interés en conocer más de su obra.
Amor propio fue un libro fácil de leer y, en varios momentos, bastante divertido. Me gustó especialmente cómo el autor describe la vida de una persona a lo largo del tiempo y a través de distintos lugares; siento que esa forma de narrar hace que el viaje del protagonista se sienta muy humano y cercano. Aunque la historia en sí no me dijo demasiado y no conecté profundamente con el mensaje central, disfruté mucho el recorrido de la vida del personaje principal. En general, es una lectura ligera y agradable.
Como todo un homenaje a la novela de la onda y tomando prestados los estilos de José Agustín y Parménides García Saldaña, Celorio entrega una novela tríptico donde Moncho-Ramón-Aguilar, el protagonista, atraviesa su adolescencia, mediana edad y madurez. Sin complicaciones y sí con muchos divertimentos y referencias a la cultura popular y a la obra cortazariana, la historia se nos cuenta empática y desarrollada acorde a la edad del personaje central.
reminded me of José Agustín and a bit of Aguilar Camín. I liked it on its own, I liked the language, the images, and the literary references intertwined with the life of the protagonist... Like "La llama de la reina Loana" it explores the role of literature and popular culture in collective memory, a collective memory that goes beyond national memories and that at the same time is linked to the moments of each character as if they were their own. Perhaps this novel will not remain in my memory, but it brought back memories of others that I have enjoyed and of histories that I didn't live, but read.