Tanto la Argentina y Brasil disponen de plazos acotados para constituirse como naciones autónomas y desarrolladas. En esa dirección, deberán superar lo que Aldo Ferrer llama "pecados capitales": la dependencia del mercado internacional, la pobreza y exclusión social, las asimetrías en las estrategias nacionales y las divergencias en la inserción internacional. Solo así los países conseguirán contrarrestar los efectos desnacionalizantes de la globalización y evitarán convertirse en segmentos anónimos del mercado internacional.