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110 pages, Paperback
First published January 1, 1971
La estética anarquista se vuelve resueltamente hacia el porvenir, hacia lo desconocido. Contribuye, así, poderosamente, a la eclosión de la cultura moderna. La estética marxista no dirige su mirada muy lejos. Se contenta con “regentear” o interpretar lo “real”; pone la obra que existe en relación con la situación económica, social y política de la sociedad para deducir su significado social.
La estética marxista contribuye a la modificación de la cultura mediante una función esencialmente crítica. Se sitúa como adversaria de la cultura burguesa -de una cultura de clase basada en el monopolio de la cultura-, de la filosofía del individualismo, de la angustia y, sobre todo, de una cultura estética minoritaria desprovista de toda realización social. Recuerda incansablemente al escritor, al artista, su responsabilidad social. Lo invita a tomar parte en los grandes debates sociales, políticos, filosóficos, de la época. Lo conmina a “bajar a la arena”, a comprometerse. Se presenta como guardián de la tradición realista.
La estética anarquista ve en la creación artística y en la creación social las realizaciones generales del hombre sublevado. Animándolo a liberarse del peso de la tradición, desempeña respecto del artista una acción liberadora más acusada, pero también, y sobre todo, una función creadora. Lo impulsa a buscar los caminos siempre renovados de la creación. La estética anarquista es el guardián del espíritu de ruptura…