Esta novela es fenomenal. Llegué a ella como se llega a muchos libros que marcan: por azar, en una librería de viejo que me la vendió en tres mil pesos. No sabía gran cosa sobre ella, más allá del aura de misterio que desde hace tanto recubre a su autora. El epígrafe es suficiente para marcar un ritmo, un ambiente y una idea geniales. Luego, el primer capítulo cumple las expectativas y de ahí en adelante es difícil parar. Imposible dejar de pensar en que la escribió una adolescente de 18 años (17 según algunos, 19 según otros) en los años sesenta en Colombia. No puedo negar que en muchos momentos me costó trabajo seguirle el hilo, particularmente porque algunos personajes son presentados de forma confusa. Se le suma que, aunque cada capítulo tiene una narradora principal, las voces se entrecruzan y cambian constantemente. Además, la edición que tengo me confundía mucho (guiones atravesados, comas mal puestas, comillas que abren y no cierran). Mi atención es ya muy mala como para lidiar además con estas cosas. Otra cosa: no soporto el uso constante del pretérito imperfecto (del tipo "aquello que le dijera su madre cuando tenía diez años"). Detalles pendejos. Pero más allá de eso, la estructura de la novela es brillante y se va envolviendo y desenvolviendo con un ritmo preciso, que es capaz de mantener el suspenso y también de acelerar el pulso.
El hostigante verano de los dioses me trajo varias reflexiones, más allá de la trama principal. La historia tiene toda la mística de la novela "bananera" caribeña pues se ambienta en uno de los pueblos de la zona. En este particular momento de mi vida donde el tema del mestizaje y las razas me son temas de profundo interés, me llama la atención ver la absurda segregación en la época... la "animalización" de los negros en la historia. Las referencias a ellos, e inclusive al único personaje relevante Isaias Bande son las de una clase privilegiada mestiza que no duda ni un solo segundo sobre su superioridad y la "animalidad" de los trabajadores negros. Hay un personaje que me llama mucho la atención y es Dalia Arce, la matrona, terrateniente, la poderosa, que encarna los vicios "masculinos". Nunca había visto un personaje así. Una mujer hombreriega, borracha, dictatorial, malvada, terca y manipuladora. Y que contrasta muy fuerte con los personajes divinos como "Abia" la infantil, con una sumisión rabiosa, pero como la describen muchos que es imposible de no amar por su misma ingenuidad y debilidad. Un tercer elemento es que la narración esté hecha por mujeres con personalidades muy diferentes, Hade sin voluntad mucha de cambiar su destino y enamoradiza, Inari (para mi el personaje más sensato) con un nivel de independecia y rebeldía que inclusive sorprende al final, Isabel una mujer radicalizada por el amor y los ideales, y la forastera que si bien parece que no cala en el cuento termina siendo uno de ellos.
...En las tierras bajas, donde el verano tiene la misma esencia que la piel de una mujer hostigada por el deseo y el invierno parece un murmullo sordo, apagado, igual a la oración de todos los dioses viejos; donde los hombres se arrugan jóvenes bajo un sol lujurioso y los ríos son más poderosos que los mitos y los hombres, existe un pájaro de un bello plumaje azul. Canta tan dulcemente, que a muchos kilómetros de su nido se detienen los seres y las cosas a escucharle. Es un av solitaria, de apariencia endeble y pico cristalino. Construye su nido con musgo joven, en la parte más honda del monte, al lado de un arroyo o fuente natural y se alimenta con los ojos de los pájaros que llegan a tomar agua. Según el decir popular el monte de puebla, día a día, de trinos y ojillos ciegos. Y la leyenda indica que el ave sólo puede ser atrapada con una red hecha con los cabellos de una jovencita impura, cuya alma no haya sido contaminada por el remordimiento...
Esta no será una reseña justa con esta tremenda novela debido a mi vertiginosa lectura de ésta... aún queda mucho por picar.
Publicada en 1963, por la misma década de los nobeles y obras más populares, está trepidante y apasionante novela de Fanny Buitrago (su primera obra), nos sumerge en una ciudad costera, con redes de cáñamo y rémoras cazadas, un verano Hostigante, negros explotados, miseria y lujos, machismo y racismo e hipocresía circundante. Todo empieza con la publicación de una novela que produce conmoción y éxito nacional e internacional. Cuenta la vida y las delicias de la ciudad, pero sobre todo de la algarabía que produce un llamado Club de los Liberales. Una periodista tiene la tarea de indagar la autoría de dicho libro, pues a pesar de sus galardones y elogios no se sabe con certeza quién la escribió. La periodista (forastera) es despedida apenas llega por uno de los principales personajes de dicha novela. La curiosidad le gana y la advertencia del hombre con una marcada cicatriz le es indiferente. La periodista da con el Club (de quien se tiene sospechas que alguno de sus miembros o todos juntaron su pluma para la escritura del libro) y en éste encontrará jóvenes ociosos: hombres y mujeres con educación refinada, algunos en el extranjero; con posibilidades (e imposibilidades) que la mayoría de personas en su alrededor no. Sobre todo los trabajadores de los dueños de la ciudad: grandes familias con grandes nombres y capital para poder hacer y deshacer con las necesidades de los habitantes. Déspotas y tiránicos por mediocridad, algunos de los pertenecientes al club pudo escribir la novela. La historia y los años se tejerán gracias a cuatro plumas femeninas: Marina, Inari, Hade e Isabel. Todas atravesadas y comunicadas por el deseo, la pasión, la curiosidad y los golpes de los grotescos machos que las rodean y que las utilizan o las hacen presas de sus más egoístas sentires. Pero tienen sus letras y en ellas su manifestación más pura de su gozo y su dolor: reuniones, tertulias, chismes citadinos, lujuria, drogas, y mucho sentimiento y autonomía. Un ambiente injusto y precario se contrasta con un ambiente ampuloso y excesivo, en el que se batallan las ideas revolucionarias por la inequidad y el menester de un ideal que trastoque el estado de cosas imperante. Bodas arregladas, por conveniencias; matrimonios y despidos familiares infructuosos... Todos y Todo gira en torno a una muchachita bella y tierna que fascina y domina a todos los grupos de la ciudad. Nada ni nadie se resiste a sus caprichos y veleidades; asienten a su ternura y su dulce inconsciencia. Atraviesa el corazón de poetas y pintores; de abusadores y machistas; de bananeros y tísicos; de gitanas y burgueses...menos de la burguesa y propietaria de la Compañía frutera de la Ciudad, quien, cuenta la leyenda, no baja a la ciudad hace once años, tres meses y veintisiete días... instalada en su casa (mansión) donde debería cultivarse y aprovecharse la solidaridad de las tierras. Las cuatro mujeres desenterrarán, mediante cartas, monólogos, poemas, diálogos y conversaciones, lo pueril y bastardo de esta cálida ciudad, mientras sufren, desean, lloran y se desviven por amores imposibles y contrariados; y luchan por descubrirse a sí mismas en el inmenso oasis del Tedio. Precocidad, vejez, odio, Arte, sangre, juventud y amistad: Todo está aquí en estas 303 páginas en la Edición Relecturas de Panamericana. Diez años de tragedias bananeras, desastres de Diques y problemas ocasionales, enfermedades...nada le envidia a otras novelas más faranduleras de la época más ambiciosas en tiempo y generaciones. Simplemente espectacular; magistralmente escrita y con una tensión insobornable. Me traía obseso (cosa muy poco común en mí) y en delirio, con fiebres y sueños. El deseo, libre y en exceso, siempre deriva en hastío...
Hambreado de ti, los hastíos murmuran; angustiados al viento. Y el murmullo de ecos es flor de todos los ciruelos. Cada gaviota muerta gesta sexos cansados y picos pálidos de harina y miedo. (Todas las pasiones tienen los ojos incoloros).
Me siento hostigada del río. Amo esta ciudad de tardes calurosas y mañanas veladas por la lluvia. El rumor de hojas secas que invade las calles bordeadas de césped mustio. Su sensualidad a flor de piel, la brisa cálida, y el aire cargado de polvo. No el río. Quizá porque veo cómo las gentes se adhieren a su corriente y no viven su propia existencia, sino la existencia del río; están pendientes de sus altibajos; le achacan prosperidad, miseria, mitos; rodeándolo de un temor lascivo y supersticioso. Es abril. Una inusitada actividad se observa en los habitantes, y las lluvias -que llegan con más asiduidad- no merman la alegría que invade a la población. Es la víspera de la fiesta del río. Son ocho días en que el pueblo baila en las calles, libre de censores municipales, horarios y obligaciones; en dónde pueden emborracharse hasta el cansancio, maldecir, jurar, sin que esto se considere un insulto o una provocación a los amos. (El origen de la costumbre no está bien definido y se remonta 150 años antes. Fue iniciada como un rito, impuesto por los primeros colonos, que rogaban a Dios para que evitase la fatal creciente. Año tras año, la inundación -antes de que construyeran el dique grande- tuvo fatales consecuencias. Pero la fiesta continuó celebrándose con toda la algarabía y el bullicio consiguientes).
Este no es un libro que endiosa a los supuestos dioses urbanos del nadaísmo, sino que los desviste y les hace fusilamiento a plena luz del día. La misoginia, el clasismo, el racismo, el provincialismo, los clichés de los sangreazulados y el capital cultural que los infla tienen todos una primera plana que lleva al "éxito" mediocre de la vanguardia colombiana de la mitad del siglo pasado.
Algo como realismo mágico pero no. Es frívola la manera de Fanny de narrar el Caribe, pero me gustó. Es otra mirada, desde un absurdo (totalmente fiel a la realidad) cruel.
Me gusta la forma en la que va construyendo la historia en capas, a tres voces que se vuelven cinco o más o menos. Como pelar una cebolla, la devolución en el tiempo en definitiva te hace perderte pero eso me pareció fascinante (fuese o no intencional) porque eso es vivir una ciudad: perderse constantemente en sus relatos.
«Destruyamos los principios establecidos iremos al mundo una nueva cultura. La cultura de la autenticidad y la serenidad; el desprendimiento de los falsos valores; la desaparición de las religiones y el culto de los dioses... Ya no son necesarios los dioses. Nosotros somos los dioses...»
El hostiganate verano de los dioses es, en mi opinión, una novela polifónica. Narrada a cuatro voces, la historia se mueve en una linea del tiempo segun como cada narradora recuerda que suceden las cosas y como su perspectiva de los hechos influye en forma de contarlos; obligando al lector a armar la historia con cada pieza, cada voz y cada personaje que entra y sale de la lectura.
Esta novela, publicada en 1963, da cuenta de una sociedad, de una epoca, de sus azares y prejuicios que, comparados con la actualidad, pareciera no haber cambiado mucho. Fanny Buitrago sigue siendo una escritora con una pluma afilada pero de la que poco se habla; en El hostiganate verano de los dioses hace que el lector se incomode y reconstruya las piezas del rompecabezas de una ciudad sin nombre. El hostiganate verano de los dioses habla de la vida, del amor, del deseo, del hastío por la existencia que no conduce a nada y así como a los dioses se les vuelve caprichosa su propia existencia, recurren a otras vidas para hacerse la propia más llevadera, así los personajes de esta historia.