Robert William Chambers was an American artist and writer.
Chambers was first educated at the Brooklyn Polytechnic Institute,and then entered the Art Students' League at around the age of twenty, where the artist Charles Dana Gibson was his fellow student. Chambers studied at the École des Beaux-Arts, and at Académie Julian, in Paris from 1886 to 1893, and his work was displayed at the Salon as early as 1889. On his return to New York, he succeeded in selling his illustrations to Life, Truth, and Vogue magazines. Then, for reasons unclear, he devoted his time to writing, producing his first novel, In the Quarter (written in 1887 in Munich). His most famous, and perhaps most meritorious, effort is The King in Yellow, a collection of weird short stories, connected by the theme of the fictitious drama The King in Yellow, which drives those who read it insane.
Chambers returned to the weird genre in his later short story collections The Maker of Moons and The Tree of Heaven, but neither earned him such success as The King in Yellow.
Chambers later turned to writing romantic fiction to earn a living. According to some estimates, Chambers was one of the most successful literary careers of his period, his later novels selling well and a handful achieving best-seller status. Many of his works were also serialized in magazines.
After 1924 he devoted himself solely to writing historical fiction.
Chambers for several years made Broadalbin his summer home. Some of his novels touch upon colonial life in Broadalbin and Johnstown.
On July 12, 1898, he married Elsa Vaughn Moller (1882-1939). They had a son, Robert Edward Stuart Chambers (later calling himself Robert Husted Chambers) who also gained some fame as an author.
Chambers died at his home in the village of Broadalbin, New York, on December 16th 1933.
El rey de amarillo es una de los emblemas más fascinantes que existen dentro de la literatura de terror. Nadie puede afirmar a ciencia cierta que es lo que se esconde tras su figura. Quizás sea por la ambigüedad inherente de su propuesta, donde puede actuar como benefactor de pastores o, por el contrario, desencadenar el más terrible de los desenlaces a aquellos que se crucen con él. O podría ser por el desconcierto que arrastra la simple idea de tratar de definir quién o qué es realmente lo que se oculta tras su emblema. O tan solo porque el mero hecho de aspirar a comprenderlo acarrea el descenso inevitable a los precipicios de la locura. La confusión que se encuentra arraigada a esta entidad, asociada a la lectura de manuscritos prohibidos, a símbolos gráficos o a la estridencia inherente al color pajizo, permiten catalogar a ese ser tras la máscara como uno de los mayores aciertos dentro de lo que conocemos como horror cósmico. De ahí que la presencia de esta nueva recopilación de relatos, primera publicación de Anomalía editorial, suponga una invitación a tratar de entender los misterios que se esconden tras el nombre de Hastur, ese rey, ese benefactor, esa maldición que no debería ser nombrada y que se vuelve única dentro de los mitos de Chtulhu.
La maldición del El rey Amarillo supone el encuentro de muchos de las piezas que han dado forma al mito. Moldeado por Robert Chambers, este ser se pasea por sus relatos de manera un tanto tangencial pero acaparando en todo momento la atención de los protagonistas de las historias, así como de los propios lectores, que experimentan esa maravillosa emoción de que algo está ocurriendo entre los reflejos dorados que se asoman a las páginas. El reparador de reputaciones, la máscara, la Damisela de Ys y el curioso La corte del Dragón suponen el grueso de los relatos que permiten a Chambers una interesante exposición de lo que se esconde tras esta entidad. Por encima de todos ellos, El signo amarillo brilla como uno de los relatos más aterradores que se han podido escribir dentro de la narrativa de horror. Cualquiera de estos relatos convalidaría la curiosidad del lector para poder iniciarse en la figura de este peculiar Rey pero tendría entre sus manos una de las muchas publicaciones que se han centrado en aprovechar la inercia de la figura de Robert Chambers para tratar de entender la sustancia de este ser que, en realidad, es mucho más compleja.
El gran acierto de esta obra es el de tratar de entender el fenómeno en su globalidad. De ahí que la recopilación amplíe sus miras para entender los orígenes del mito, con dos relatos fundamentales de Ambrose Bierce que nos presentan la inmensidad de una localización fundamental en la literatura de terror como es Carcossa y, por otro lado, la presentación de Hastur como entidad en un relato completamente alejado a lo que podríamos esperar de uno de los dioses primigenios más reconocidos. Además de esas dos piezas, la recopilación explora otros pasajes en donde, con mayor o menor fortuna, se insinúa la universalidad de esta figura. Poe con su Máscara de la muerte roja ya nos presenta a un ser oculto cuyo rostro acarrea locura y muerte y, frente a él, nos encontramos el único de los relatos de Lovecraft donde se habla abiertamente de la figura de Hastur en el extraordinario relato El que susurra en la oscuridad, aunque en ambas historias lo de menos es la insinuación de que este ser se encuentra entre nosotros ejerciendo sus dominios.
También aparecen en la recopilación otros autores como Baudelaire, Gustave Nadaud, Charlotte Perkins o Lord Dunsany, que generan el ambiente propicio para entender que las localizaciones arcaicas, lo oculto tras la máscara o el acercamiento a la locura siempre está presente bajo el manto dorado de lo desconocido. De ahí que esta recopilación suponga una invitación al lector para descubrir, o tratar de entender, qué es lo que nos fascina de un ser que siempre está en continua transformación y del que lo único que podemos certificar es que su presencia nos podrá enajenar por siempre por nuestra osadía de tratar de entenderlo.