Es de noche, una mujer está sentada en su jardín, no espera a nadie y toma un gin tonic a breves sorbos. La oscuridad y la distensión producida por el alcohol hacen aflorar en ella una aguda insatisfacción, junto con el anhelo de un cambio profundo en su vida. Sobre esta premisa descansan los cuentos de este libro, protagonizados cada uno por una mujer diferente y todos ellos ligados a un jardín nocturno. Una relación extramatrimonial dividida por una exigua pared de bugambilias, una enorme y sombría raíz subterránea que amenaza la vida de dos niños, una mujer solitaria que abandona su casa para acampar en su jardín y dos empleadas domésticas que sueñan con nadar de noche en la piscina de una mansión son algunas de las historias en donde la imaginación de Morábito alcanza una riqueza libre de ataduras y hace de cada una de ellas una inquietante inmersión en el alma femenina.
no fue un libro para mi. no conecté con ninguna historia, me parece que simplemente eran mujeres escritas por un hombre. hubo dos o tres cuentos destacados (La Silvana, La zanja, La acampada) y no mucho más.
Nunca me había parado a pensar en la cantidad de cosas que podrían suceder en un jardín. Anhelos, rupturas, reflexiones, esperas, amistades o mentiras ocultas tras los muros repletos de buganvillas, las piscinas construidas y nunca utilizadas, las grandes raíces que levantan el suelo creando hoyos que teletransportan casi a otro mundo, o los rosales que han dejado de cuidarse tras la marcha de uno de los habitantes de la casa. Días y noches que suceden en el jardín de un hogar, bajo el sol, la lluvia, la nieve, con el fuego como compañía o la música de fondo del vecino como inesperado punto de reunión.
Estos doce relatos aguardan diversas historias que comparten varios nexos en común: todas están protagonizadas por mujeres (que, generalmente, beben gin tonics), suceden en un jardín y casi todas arrancan con estas dos frases: «El tiempo siempre pasa veloz cuando miro el jardín» y «Debieron de haber transcurrido muchas horas, porque todo alrededor estaba oscuro», que, a su vez, pertencen al cuento fantástico ‘El monstruito verde’ de Murakami.
Unos relatos que son historias y, a la vez, cuentos que guardan una enseñanza para la protagonista y también para el lector. Mujeres, en su mayoría solas, que rememoran matrimonios felices; otras, que han sufrido una ruptura reciente; algunas, protagonistas indirectas de una infidelidad; unas, que ejercen de acompañantes, y otras que desearían estar acompañadas.
Hijas, abuelas, amigas, vecinas, profesoras, alumnas, confidentes que guardan secretos como las flores y los árboles que crecen en sus jardines.
Me han gustado todos los relatos, pero especialmente ‘La acampada’, ‘La zanja’, ‘Gracias a los aviones’ y ‘La hoguera’.
Hay algo misterioso en los cuentos de Morábito y en este no es la excepción. Pareciera que los personajes esconden algo. Uno como lector sospecha, pero sabemos que la incertidumbre permanecerá.
Las circunstancias, los personajes, los objetos y los lugares similares en el que interactúan todos los personajes hacen interesante a Jardín de noche. Bien podrían ocurrir en "universos paralelos" como se dice hoy. Y quizá esto realza aún más el misterio.