Hay algo maravilloso en la Argentina que hace que la trayectoria de un artista sea una especie de deglución impropia de influencias, un trasplante algo insólito de ideas foráneas que se trafican de las maneras más inesperadas y se cruzan como un Frankenstein con el acervo cultural local. Una estrategia abiertamente desacralizante que implica aceptar que siempre se compone a partir de algo que ya existe, una bastardización de la idea de “original”.
Ni chamán ni gurú: Daniel Melero se asume como anfitrión. Alguien que acoge las ideas ajenas y busca expandirlas. Un niño del barrio de Flores que tiene las antenas afiladas para detectar en la radio y la tele canciones que le cambian la vida y que descubre en el parque Rivadavia discos de Yellow Magic Orchestra y Tangerine Dream. Un joven inquieto que asiste a shows under de rock nacional (de Los Gatos a Los Violadores) y también a recitales de música experimental. Que busca insaciable información en revistas como Expreso Imaginario y disquerías como El Agujerito, o intenta emular de manera casera los experimentos sonoros con cinta de Eno y Cage grabando hormigas de su jardín.
De pionero electropop con el infame grupo Los Encargados a asesor artístico de Soda Stereo e impulsor de Babasónicos, de fundador del sello de culto Catálogo Incierto a ecléctico compositor solista –cuya búsqueda conceptual lo lleva a oscilar entre la canción pop, el techno, el easy listening o el ambient–, Melero manipula la música, provoca con sonidos. Encuentra un itinerario experimental signado menos por el culto a la personalidad que por la permeabilidad con sus contemporáneos como Gustavo Cerati, Omar Chabán, Vivi Tellas, Pat Pietrafesa, Diego Tuñón, Juana Molina o Carca, entre otros. Este libro, armado minuciosamente junto a Mariano Vespa, no es un monólogo celebratorio ni una colección de anécdotas. Es la conjunción de muchas voces, algunos fantasmas, y archivos y fotos que no existen en internet, que se proponen narrar una vida y una obra sostenida por los deseos y caprichos de una ética de la acción.
Toda biografía propone un equívoco: que hay forma de contar una vida entera. Tanto Daniel Melero como Mariano Vespa lo saben perfectamente. Por eso su trabajo en conjunto resultó tan genial. Incierto y sinuoso renuncia a la exhaustividad para hacer algo mucho mejor: Melero trae las historias de su vida como un acervo conceptual y Mariano los usa como material para la escritura. El resultado es un libro que funciona como una declaración de principios sobre la autoría, sobre el concepto de verdad y de cómo el olvido puede ser tremendamente fructífero. En el medio está la vida del artista entrelazada en tres hitos: el trabajo, los amigos y el amor. Me pareció buenísimo.
Excelente, no soy un gran consumidor de Melero pero siempre me pareció una especie de figurita rara del rock, en este libro entendes todo, incluso el precio que pagó por ser un distinto, muy recomendable!
Excelente conjunción entre Vespa y Melero. No es un libro para que lo lea cualquiera; al menos se requiere de una noción previa o un pantallazo acerca de la historia y la obra de este músico.
Caja negra nunca defrauda, Daniel me cae genial y todo lo que cuenta y cómo lo cuenta, totalmente abierto, lleno de anécdotas, referencias y muy real, auténtico, avanzando y retrocediendo todo el tiempo, siempre está a punto de triunfar.
lo mejor q aprendi de este libro es q tuvo un sketch con Capussoto. (mentira, una joya de historias, tecnicidades, frikismos y todo tipo de medios artisticos)
"Mi casa es un polo de atracción, una guarida de forajidos. Un verdadero caldo de cultivo, en más de un sentido. Campeones de la noche, ensayamos arriba de una pizzería, con un calor insoportable. La avant garde en cuero. Somos grillos: a mayor temperatura, más distorsión"
Me cae muy bien la gente que, a pesar de que le guste tanto el p*rno, se anime a enamorarse salvajemente. Y si les gusta el cine de clase B, los aliens y Borges, mucho mejor. Y aguante Babasónicos.
Lo primero que quiero destacar es la edición de Caja Negra. El material y el diseño logran que sea uno de esos libros que da placer tenerlos físicamente. Cuando Melero cuenta que en un punto prefiere desaparecer de los medios, alejarse del requisito de mutua contribución para escalar en la industria porque solo quiere jugar con instrumentos, ahí sintetiza gran parte de su ethos. Descartar el camino hacia el estrellato para mantener siempre en primer plano la realización de su ser en el acto creativo y en los enlaces que le brinda la música con otras personas que también preservan esa curiosidad de niño. Mucho amor al arte e ideas elocuentes, ahora voy a tener que escucharlo en vivo.