Las historias de este libro nos provocan un estremecimiento, la calma del desastre, el irreductible miedo de hechos consumados, como la muerte y las pesadillas, con su escalofrío y estertor. El mundo de Corcuera es un mundo de contrastes, colmado de luz, sol y sequedad o, por el contrario, aterido de frío, solitario, oscuro, denso, donde las voces y siluetas juegan papeles protagónicos. Sus relatos se mantienen dentro de un mismo tono, la mayoría sucede en un ámbito campirano, con olor a tierra, a sequía, a pobreza, a campo mexicano. Una asimilación de la obra de Juan Rulfo descansa en estas historias. Detrás de cada una de ellas existen seres singulares, encerrados en la intensidad de su propio mundo, compuesto de lucidez y locura.