Bastante enigmática, hermética... parece recubierta de una capa densa de algo que se parece a la alucinación, casi como si este hospital/casona colonial/reclusorio extraño estuviera no sólo en una isla alejada del resto del mundo sino en una isla alejada de lo que conocemos como realidad. Con sus curiosos personajes que ostentan nombres como Siempreviva, Auxilio, Socorro, Caballo o Caimán, hasta la manera fragmentaria en que se desenvuelve la historia, con escenas que se alejan de la cómoda continuidad cronológica y que dan la impresión de estar salidas de un sueño en donde la lógica es una completamente diferente a la «normal», Pájaros de la playa se las arregla para configurar un ambiente habitado por la confusión y la melancolía.
«No eran viejos caquéxicos, amarillentos y desdentados, las manos temblorosas y los ojos secos, los que, envueltos en anchas camisolas, estaban sentados en los bancos de hierro adosados a las paredes del pentágono; eran jóvenes prematuramente marchitados por la falta de fuerza, golpeados de repente por el mal»
Tengo entendido que esta es la última novela de Sarduy, escrita mientras batallaba contra el SIDA y publicada póstumamente, por lo que no es difícil trazar las líneas que unen a este padecimiento de la vida real con la «enfermedad» que acecha a los residentes de la casona —entendida la muerte como una enfermedad—, así como con las descripciones sobre malestares físicos y psicológicos que pueden verse en los capítulos titulados «Diario del cosmólogo». Se habla sobre la vida y la muerte, la vejez y la juventud, la cura y el padecimiento; lo mórbido, el cuerpo que se va deteriorando, las angustias mentales y los deseos de entregarse a la «meticulosa erosión del tiempo», de abandonarse, de despojarse del cuerpo.
«Aquí escribo, en esta ausencia de tiempo y de lugar, para que esa negación sea dicha y cada uno sienta en sí mismo esa inmóvil privación de ser»
Sí hay que tener una cierta disposición para aceptar al libro por lo que es y poder internarse en él a pesar de lo indescifrable e ilógico que puede parecer. Lo complejo que resulta el adecuarse a este tipo de narración puede ser una pared difícil de atravesar, pero, si los temas que se exploran aquí son de interés, creo que vale mucho la pena tomar el riesgo.